Septiembre-2005

TRANSGENICOS

Un Demonio más azota al ser humano.

No les alcanzó Hiroshima ni Nagasaki
ni las bombas que cayeron como lluvias del averno
sobre Yugoslavia.
Tampoco la tromba desencadenada
en Afganistán y en Irak.

El ser humano tiene sus raíces en la tierra,
planeta azul que gira en los siglos de los siglos,
al ritmo del sol,
nuestro lucero
con un cielo salpicado de infinitas estrellas.
Aquí, nos hicimos hombres
como quiso la naturaleza
y asistidos por nuestra mente primitiva
y por nuestro trabajo
llegamos a ser lo que somos:
humanos

No pueden ni podrán
con su codicia
con la locura insertada en sus cerebros:
el afán de ser cada vez más poderosos
acumulando sangriento dinero.
Los tientan planes financieros
para sojuzgar a los pueblos
llegando al límite infinito
de cambiar el clima,
la crecida de los mares
y el aire que inspiramos.

Todo será en vano,
aún el cambio transgénico
de los alimentos.

Me pregunto,
¿esa banda que cree regir nuestros destinos
para qué usan la ciencia
y el conocimiento?
Tanto que el hombre ha aportado
para llegar a la cima
de un fraterno sentimiento,
tanto que el niño, la mujer, el hombre y el anciano
ayer, hoy y mañana
fueron, son y serán por siempre coraza
contra la ignominia
y la desesperanza.

Es entonces que cada tanto
los brazos se levantan.
Son miles, son millones
transitando por el sendero de la resistencia
en el camino que fuera.
Todo lugar es una trinchera
como ayer, hoy y mañana
No a la muerte, no a la esclavitud humana
No a esa terrible plaga que esparcieron por el mundo,
Transgénicos,
para alcanzar una especie robotizada.

8 Marzo 2005      Daniel Malach