Enero-2006

 

Que yo no pierda

Que Dios no permita que yo pierda el romanticismo,
aún sabiendo que las rosas no hablan.

Que yo no pierda el optimismo,
aún sabiendo que el futuro que nos espera
puede no ser tan alegre.

Que yo no pierda la voluntad de vivir,
aún sabiendo que la vida es, en muchos momentos, dolorosa.

Que yo no pierda la voluntad de tener grandes amigos;
aún sabiendo que, con las vueltas del mundo,
ellos se van de nuestras vidas.

Que yo no pierda la voluntad de ayudar a las personas,
aún sabiendo que muchas de ellas son incapaces de ver,
reconocer y retribuir, esta ayuda.

Que yo no pierda el equilibrio,
aún sabiendo que muchas fuerzas quieran que yo caiga.

Que yo no pierda la voluntad de amar, aún sabiendo
que la persona que yo más amo, pueda no sentir
el mismo sentimiento por mí.

Que yo no pierda la luz y el brillo en la mirada,
aún sabiendo que muchas cosas que veré en el mundo
oscurecerán mis ojos.

Que yo no pierda la garra, aún sabiendo que la derrota
y la pérdida son dos adversarios sumamente peligrosos.

Que yo no pierda la razón, aún sabiendo
que las tentaciones de la vida son muchas y deliciosas.

Que yo no pierda el sentimiento de justicia,
aún sabiendo que el perjudicado pueda ser yo.

Que yo no pierda mi abrazo fuerte, aún sabiendo
que un día mis brazos estarán débiles.

Que yo no pierda la belleza y la alegría de ver,
aún sabiendo que muchas lágrimas
brotarán de mis ojos y correrán por mi alma.

Que yo no pierda el amor por mi familia,
aún sabiendo que ella muchas veces,
me exigirá esfuerzos increíbles para mantener la armonía.

Que yo no pierda la voluntad
de donar este enorme amor que existe en mi corazón,
aún sabiendo que muchas veces él será rechazado.

Y encima de todo
¿De qué nos sirve vivir, si no sabemos respirar?
¿De qué nos sirve soñar, si no somos capaces
de hacer realidad nuestros sueños?

 

 

Amanda BEJARANO TAFUR