Septiembre-2008

 

 

Y ahora te quiero llevar en una estrella.

Dónde están los amigos con los que jugué de niño.
Qué se hizo de nuestra ingenuidad y de nuestra alegría.

Qué fue de nuestros juegos.
Dónde están aquellos caballos de cartón, aquellos aros de hierro,

aquellas canicas de barro o de cristal,
aquellos trompos de madera, aquellas cajas de zapatos convertidas

por obra y gracia de la fantasía en automóviles.

 

Qué fue de aquellos pantalones cortos, de aquellas camisas remendadas,

de aquellos zapatos de goma,
de aquellos babis, de los abrigos heredados.

Qué fue de aquel traje de primera comunión.
De aquellas cartas a los reyes, de aquellos maestros, de aquellos curas.
De aquellas tardes pardas y frías de invierno, de las lecciones cantadas,

de los deberes, de los castigos, del debo guardar silencio, de los cabos y

de los golfos de España.

 

De los tiempos del verbo, de la tabla de multiplicar.
Dónde están aquellas golondrinas, aquellos campos, aquellas cigüeñas,

aquellos paisajes, aquellos años.
Qué se hizo de nuestra pureza y de nuestra sinceridad,

 qué fue de aquellos sueños.
Dónde están los primeros cigarrillos, las primeras novias, los primeros besos,

los primeros deseos, qué fue de nuestro propósito de cambiar el mundo.

Qué se hizo de aquel “no nos moverán”.                      

 

Dónde están aquellos inconformistas, dónde están aquellos rebeldes,

aquellos soñadores de pelo largo,
qué fue de aquellas verdades, de aquellos lemas, de aquella

intransigencia con la rutina y con el aburguesamiento.
Qué pasó con la recogida de firmas, con las carreras, con la ilusión,

con aquella esperanza.
Qué queda del amor libre, de la imaginación al poder, de aquellas

canciones que nos prometían.
Por qué no nos ha movido, por qué no hemos vencido todavía,

por qué no llueve a gusto de todos, qué ha fallado.  

 

 

                                                           Jesús Quintero