(Julio/Agosto-2000)

 

Globalización y pobreza (1ª parte)

Tomado de uno comentario de Vandana Shiva (médica, escritora, activista y conferencista hindú. Directora de la Research Foundation for Science, Technology and Ecology).

Visité Bhatinda en el Punjab, a consecuencia de una epidemia de suicidios entre los campesinos. El Punjab fue alguna vez la más próspera región agrícola de la India. Hoy, cada campesino está desesperado y endeudado, vastas extensiones de tierra se han transformado en desiertos sedientos de agua. Y como lo señaló un viejo agricultor "aún los árboles han dejado de dar frutos debido a que el fuerte uso de pesticidas ha matado a los polinizadores -las abejas y las mariposas".

El Punjab no esta solo en esta experiencia de desastre ecológico y social. El último año estuve en Warangal, en Andhra Pradesh, donde también los campesinos se estaban suicidando, agricultores que tradicionalmente cultivaban legumbres, mijo y arroz habían sido atraídos por las compañías semilleras a comprar semillas híbridas de algodón que eran señaladas por los mercaderes como "oro blanco" y que supuestamente los haría millonarios. Al contrario, ellos se transformaron en mendigos. Sus semillas nativas fueron desplazadas por híbridos que no podían ser almacenadas, que eran muy vulnerables a las plagas. Las nuevas semillas debían comprarse cada año, los gastos de pesticidas se incrementaron en un 2000% (desde 2.5 millones en 1980 a 50 millones en 1997). Ahora los campesinos se están comiendo los mismos pesticidas como un modo de matarse para escapar permanentemente de deudas que ya no pueden pagar.

El 27 de marzo Betavati Rattan, de 25 años se quitó la vida porque no pudo pagar las deudas de un tubo de desagüe en su predio de 2 acres. Las cisternas ahora están secas, como lo están las cisternas en Gujarat y en Rajasthan donde más de 50 millones de gentes se enfrentan a la muerte por hambre.

La sequía no es "un desastre natural". Ha sido "hecha por el hombre". Es el resultado de la extracción de la escasa agua subterránea de las regiones áridas para alimentar los sedientos cultivos de exportación en vez de los cultivos locales menos consumidores de líquidos.

Son experiencias como estas las que me han enseñado que estamos muy equivocados con respecto a la economía global y que es preciso detenernos a pensar acerca del impacto de la globalización sobre la vida de la gente común. Esto es vital para alcanzar la sustentabilidad.

¿Quién alimenta al mundo? Mi respuesta es muy diferente a la que da la mayoría de la gente. Son las mujeres y los pequeños campesinos que trabajan con la biodiversidad, los principales proveedores de alimento en el tercer mundo, y al contrario de la opinión dominante sus pequeñas parcelas basadas en la biodiversidad son más productivas que los monocultivos industriales.

Los campesinos mayas en Chiapas, México, son caracterizados como no productivos porque rinden sólo dos toneladas de maíz por acre. Sin embargo, la producción de alimentos completa es de 20 toneladas por acre cuando se consideran también sus frijoles y sus calabacitas, sus verduras y los árboles frutales.

En Java pequeños agricultores cultivan 607 especies en los jardines de sus casas. En el África Subsahariana las mujeres cultivan 120 diferentes plantas, un solo jardín hogareño en Tailandia tiene 230 especies y los jardines africanos contienen más de 60 especies de árboles. Las familias rurales en el Congo comen hojas de más de 50 especies diferentes de árboles de sus parcelas.

Un estudio en Nigeria oriental vino a descubrir que las huertas hogareñas ocupaban solamente el 2 % de la tierra cultivable del grupo familiar y equivalían a la mitad del total de la producción agrícola. En Indonesia el 20 % del ingreso de la familia y el 40 % de la provisión de alimentos domésticos proviene de huertos hogareños administrados por las mujeres.

Investigaciones hechas por la FAO demuestran que las pequeñas haciendas de la biodiversidad pueden producir miles de veces más alimentos que los grandes cultivos industriales. Y que la diversidad, además de dar más alimentos es la mejor estrategia para prevenir la sequía y la desertificación.

Mientras las mujeres y los pequeños campesinos alimentan al mundo mediante la biodiversidad, se nos dice insistentemente que sin ingeniería genética y sin globalización de la agricultura el mundo se morirá de hambre. En contra de toda la evidencia empírica, que muestra que la ingeniería genética no produce más alimentos y según los hechos a menudo lleva una declinación productiva, se promueve constantemente como la única alternativa a nuestro alcance para alimentar a los hambrientos. Es por eso que preguntamos, ¿quién alimenta al mundo? La deliberada ceguera ante la diversidad, la ceguera ante la producción de la naturaleza, de la producción de las mujeres, de la producción de los campesinos del tercer mundo, conduce a que la destrucción y la apropiación sean proyectadas como creación... Algo anda mal en los conceptos y categorías de riqueza y de creación de riqueza.