(septiembre-2000)

 

Globalización y pobreza (2ª parte)

Tomado de uno comentario de Vandana Shiva  (médica, escritora, activista y conferencista hindú. Directora de la Research Foundation for Science, Technology and Ecology)

 

.El modo más eficiente de conducir la destrucción de la naturaleza, de las economías locales y de los pequeños productores autónomos, es hacer invisible su producción. Las mujeres que producen para sus familias y comunidades son tratadas como "no productivas" y "económicamente inactivas". La devaluación del trabajo de las mujeres, y del trabajo realizado en las economías sustentables es el resultado natural de un sistema construido por el patriarcado capitalista. Es así como la globalización destruye las economías locales y como la misma destrucción es contada como crecimiento.

Se comercia más alimentos mientras el pobre consume menos. Cuando el crecimiento hace crecer la pobreza, cuando la producción real llega a ser una economía negativa, y los especuladores son definidos como "creadores de riqueza", es que algo anda mal en los conceptos y categorías de riqueza y de creación de riqueza.

Las mujeres—como ya lo he indicado—son las principales productoras y procesadoras de alimentos en el mundo. Y sin embargo su trabajo en la producción y en el procesamiento ahora ha llegado a ser invisible.

La globalización del sistema alimentario está destruyendo la diversidad de las culturas en materia de comidas y las economías alimenticias locales. Una monocultura global se impone a la gente definiendo todo lo que es fresco, local o hecho a mano como un riesgo para la salud. Las manos humanas han sido definidas como el peor contaminante, y el trabajo de las manos humanas ha sido puesto fuera de la ley, reemplazado por máquinas y químicos comprados a las corporaciones globales. No hay recetas para alimentar al mundo, salvo robar los medios de vida de los pobres para crear mercados para los poderosos. A la gente se la percibe como parásitos, a ser exterminados para la "salud" de la economía global.

La sustentabilidad requiere de la protección de todas las especies y de toda la gente y del reconocimiento de que diversas especies y distintos pueblos juegan un rol esencial en el mantenimiento de los procesos ecológicos. Los polinizadores son críticos para la fertilización y generación de las plantas. La biodiversidad en los campos provee vegetales, forrajes, medicina y protección del suelo de la erosión del viento y del agua. A medida que los humanos avanzan más adentro de la no sustentabilidad, se vuelven más intolerantes con las otras especies y ciegos respecto a su papel tan vital para nuestra sobrevivencia.

 Al proporcionar alimentos a otros seres y especies mantenemos a la par las condiciones para nuestra propia seguridad alimenticia. Al alimentar a las lombrices de la tierra nos estamos alimentando nosotros. Al alimentar a las vacas, alimentamos al suelo, y al alimentar al suelo, proveemos de alimentos a los humanos. Esta visión del mundo en abundancia, se basa en compartir y en una profunda percepción de los humanos como miembros de la familia terrestre. Esta percepción de que empobreciendo a otros seres nos empobrecemos nosotros, y que al alimentar a otros seres, nos alimentamos nosotros, es la base real de la sustentabilidad.

El reto de la sustentabilidad para el nuevo milenio es si el hombre económico global puede salir de la visión del mundo basada en el miedo a la escasez, los monocultivos y los monopolios, la apropiación y la desposesión y virar hacia una visión basada en la abundancia y la donación generosa, la diversidad y la descentralización, y el respeto y la dignidad para todos los seres.

La sustentabilidad demanda que nos salgamos fuera de la trampa económica que no deja espacios para otras especies y otros pueblos. La Globalización Económica ha llegado a ser una guerra contra la naturaleza y contra los pobres. Pero las reglas de la globalización no fueron dadas por dios. Pueden ser cambiadas. Deben cambiarse. Debemos llevar esta guerra hasta el final.

Desde Seattle, una frase usada muy frecuentemente ha sido la necesidad de un sistema basado en normas. La Globalización es la norma del comercio y ha elevado a Wall Street a ser la única fuente de valor. Como resultado, cosas que tienen valores más altos—como la naturaleza, la cultura y el futuro, han sido devaluados y destruidos. Las normas de la Globalización están socavando las normas de la justicia y de la sustentabilidad, de la compasión y de la generosidad. Debemos salirnos del totalitarismo del mercado hacia una democracia de la tierra.

Podremos sobrevivir como especies sólo si vivimos bajo las normas de la biosfera. La biosfera tiene suficiente para las necesidades de todos, si la economía global respeta los límites de la sustentabilidad y de la justicia.

Alguna vez Gandhi nos recordó:" La tierra tiene bastante para las necesidades de todos, pero no para la avaricia de algunos".