Abril-2001

 

Los seres humanos, unos extraños para sí mismos

 

Cuando suceden catástrofes en nuestro planeta (cada vez más frecuentes), hay personas que, en un primer momento,  quedamos en silencio, desconsoladas, con dificultades para reaccionar...

¿Qué tal que todos esos miles de víctimas diarias tuvieran su rostro ocultado y sospecháramos que entre ellos podrían encontrarse familiares nuestros, nuestros hijos, nuestros padres,...?

Un avión que se estrella con doscientos pasajeros, un barco que se hunde con 600 personas a bordo, un  terremoto que arrasa miles de viviendas, una inundación que arrastra a miles de cadáveres,... ¿Cuáles son las noticias resaltadas en primer lugar por los Medios de comunicación? “Entre los pasajeros no se encontraba ningún ciudadano español”, “Fuentes gubernamentales confirman que la colonia española no se ha visto afectada”,...

En los países “desarrollados” lo que no es propio, lo que no pertenece al ámbito de lo personal, de lo familiar, pierde inmediatamente importancia... El ser humano no tiene valor por sí mismo. Estamos configurando un mundo en el que los seres humanos resultamos extraños unos para otros.

Admitamos que sean los Medios los encargados de ofrecernos las noticias, pues para eso están. Pero los destinatarios son los seres humanos y, por tanto, deberían ser leídas desde la conciencia.

 

- No pertenecen a otro mundo distinto del nuestro los 20.000 muertos y más de 50.000 heridos en la India por el terremoto del pasado mes de enero.

- Son seres pertenecientes a nuestra especie humana los 600.000 refugiados serbios que viven diseminados por Yugoslavia a la espera de ayuda urgente. Ahí están, obligados a vivir con poco más de 6.000 pesetas al mes.

- Un ser humano es Van Nispen cuando nos habla desde un campo de refugiados: “Lo peor de todo es cuando ves a personas que llevan casi diez años viviendo en campos de refugiados. Han caído en la apatía y la desesperanza y son incapaces de seguir adelante”.

- A las 5 am del 19 de diciembre, el ejército turco asaltó las prisiones en todo el país para acabar con la huelga de hambre de los presos políticos. La operación, con el nombre "Vuelta a la vida", implicó el uso de ametralladoras, gases, tanquetas, bulldozers y helicópteros. Treinta y un presos políticos murieron en los asaltos. También ellos eran seres humanos como nosotros y nuestra familia.

- Más de 12.000 presos políticos, de ellos 8.000 militantes kurdos, se pudren en las cárceles turcas gracias a la Ley Antiterrorista, que impone penas de 15 años por poner una pancarta en una calle. Nosotros podemos hacer tranquilamente pintadas en las paredes, portar pancartas en las manifestaciones, utilizar los libros de reclamaciones en cualquier establecimiento público o privado, vestir camisetas con mensajes de todo tipo,... y somos seres humanos como los kurdos.

 

d.t.