Mayo-2002

 

En marzo nos ofrecieron otra vitrina publicitaria: La Cumbre de Monterrey.

Como toda la publicidad, pretenden engañarnos con imágenes bonitas y

llamativas, que poco se corresponden con la realidad.

Recogeremos algunos testimonios.

 

 

Monterrey: ¿Alguien se cree que se quiere poner fin a la pobreza?

El lunes 18 de marzo, en la ciudad mexicana de Monterrey se dio la apertura de la primera Conferencia Internacional sobre la Financiación para el Desarrollo, FfD, con la presencia de organismos financieros internacionales, empresarios, ministros de Hacienda, Comercio y jefes de Estados; liderados por representantes del Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional y Organización Mundial de Comercio. Este evento fue convocado por las Naciones Unidas. El mandatario mexicano, Vicente Fox, fue designado presidente de la Conferencia.

Los participantes de 165 países del mundo iban a discutir los puntos del llamado Consenso de Monterrey (eso sí, previamente dictado por Estados Unidos), elaborado por técnicos, y que "señalan" el camino para disminuir la pobreza en el mundo a la mitad en el 2015, y las alternativas para una mejor redistribución de las riquezas, "sin afectar a los países desarrollados". Este Consenso sería firmado por los 59 jefes de Estado y de Gobierno, que estarían presentes desde el 21 hasta el 22 de marzo, al finalizar la Conferencia.

¿De veras se quiere poner fin a la pobreza?

De momento, la Unión Europea y Estados Unidos señalaron un incremento en 5 mil millones de dólares para el combate a la pobreza en el mundo durante los próximos 5 años, lo que fue cuestionado por más de 700 ONGs y organizaciones civiles, ante los datos de la ONU que señalan la necesidad de 50 mil millones de dólares para dar cumplimiento con la reducción de la pobreza.

¿Pero a qué jugamos? El Sr. Bush, en lugar de callar a las voces críticas solamente logró llamar más la atención sobre el escandaloso grado de mezquindad que rige la política del imperio. Sumando los gastos del presupuesto de "defensa" de Washington, de sus aparatos de espionaje y de la guerra en Afganistán, el imperio gasta alrededor de 1.250 millones de dólares diarios en su máquina de muerte, equivalente a un año de ayuda. Y la adquisición de tan sólo uno de sus bombarderos B-2 cuesta 2.2 mil millones de dólares.

Y la nobleza de la Unión Europea (UE), no se queda corta frente a la de Estados Unidos. Actualmente, la UE destina alrededor del 0.31 por ciento de su Producto Interno Bruto (PIB) a la ayuda, pero decidió, generosamente, aumentar este porcentaje hasta el año 2006 al 0.39 por ciento de su PIB.

Ante este escenario, la mayoría de los políticos tercermundistas no se atreve a plantear siquiera las causas de su miseria actual, limitándose a repetir lo que la voz cantante les dicta. Como diría el ministro argentino, Jorge Remes, "todos los caminos llevan al FMI".

 

Los participantes del previo Foro Global también señalaron que su actitud será pacífica pero firme en rechazo al Acuerdo de Monterrey, pues este no recoge el verdadero sentimiento de los pueblos: excluye a la mujer como factor de desarrollo; no contempla el fin del pago de la deuda externa de los países del tercer mundo, pese a que ésta ya ha sido pagada más de 4 veces; además no se observa ninguna consideración medioambiental y ecológica en torno al desarrollo.

Aunque la presencia de la sociedad civil es mínima, hay otros sectores participantes en la Conferencia que de alguna manera comparten la posición del Foro Global. Por ejemplo, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, FAO, denunció que el Consenso de Monterrey nació mutilado, y que en ninguna de sus 18 cuartillas y tres capítulos figuran los mecanismos reales para terminar con la pobreza y la marginación en la que viven más de 1.200 millones de personas en el mundo. Directores de la FAO señalan que "la mayoría de los gobiernos de los países en desarrollo y la comunidad internacional no han hecho frente a la necesidad de erradicar la extrema pobreza y el hambre... la negligencia es la causa principal".

No es de extrañar que la Conferencia de Monterrey se haya ganado a pulso tanto comentario y tanta denuncia:

“Todo fue una farsa, una falacia o una mentira, y lo que veremos en Monterrey será sólo una representación de un acuerdo al que ya llegaron los principales países industrializados, sin importarles la opinión de las naciones más pobres del mundo y tampoco de organizaciones ciudadanas que invirtieron tiempo, propuestas y dinero para intervenir en dicho documento”.

“En las reuniones previas se habían acordado puntos importantes como reducir el pago de servicio de la deuda por parte de los países del Tercer Mundo, que al año es de 200 mil millones de dólares; flexibilizar las políticas agrícolas de las naciones industrializadas, y evitar los paraísos fiscales en los cuales los políticos corruptos de las naciones subdesarrolladas depositaran sus cuentas. Sin embargo, estos puntos fueron suprimidos en la reunión de Nueva York, a la cual asistieron los países de la Comunidad Económica Europea, quienes aceptaron la línea del imperio estadounidense, porque también les beneficiaba”.

Bruno Jétin, miembro del consejo científico de ATTAC, quien habría intervenido en el primer borrador del Consenso de Monterrey donde hablaba de la reducción de medidas comerciales proteccionistas y la reducción del pago de la deuda, advierte: "Cuando uno lee el Consenso de Monterrey salta a la vista que es una versión actualizada del Consenso de Washington que el gobierno estadounidense elaboró en 1989 para enfrentar la crisis de la deuda de los países latinoamericanos. En ese texto estaba plasmada la integralidad (sic) del programa neoliberal que luego fue aplicado por el FMI: más libre comercio, más inversiones privadas, privatización de todo lo que puede ser privatizado y equilibrio presupuestario. Lo que pasa en Argentina es el ejemplo más reciente de los estragos causados por semejantes recetas… Y son las mismas recetas las que pretende imponer la Conferencia de Monterrey".

SIEMPRE SE HA ENGAÑADO A LOS PUEBLOS,

PERO CON TANTO DESCARO Y DESVERGÜENZA, NO CREO.