Enero-2003

 

En nuestro planeta cada día hay más interrogantes sin responder

 

¿Qué pasa con el Sahara? De allá para cuando sale a relucir, para después olvidarse por largo tiempo. El pueblo saharaui lleva 30 años esperando una solución.   La impresión es que se está ultimando un GRAN TIMO:   El tonto virtual es la ONU, la organización que “posee” el poder de legitimación en el ámbito de las relaciones internacionales. Actúa a instancias de los listos, las grandes potencias manejadas desde la sombra por Rabat y encabezadas visiblemente por Francia. El tonto real, en este caso, es el pueblo saharaui, que a cambio de haber cumplido todo lo que la ONU le ha venido pidiendo para llevar a cabo el proceso de descolonización se va a encontrar con una desleída autonomía (¿o tal vez con una vergonzosa aniquilación?),  cuando creía tener en sus manos el ejercicio a un verdadero derecho de autodeterminación. Otro personaje presente en todo el desarrollo del TIMO es el paseante que observa a distancia sin atreverse a intervenir: ese personaje es España, la ex potencia colonial, incapaz de reaccionar a tiempo para impedir el atropello.

¿Qué conocemos realmente de Irak?  Si tenemos que contestar por lo publicado en la prensa mundial, lo que sabemos es que allí hay un diablo peligrosísimo, un terrible demonio, el más peligroso terrorista de la historia, que se llama Sadam Hussein. ¿Pero de Irak? Parece que desconocemos que, desde hace más de 10 años, ha sido convertido en un auténtico INFIERNO. En diciembre de 2001 se informó a la Organización de Naciones Unidas (ONU) de que más de 1,6 millones de iraquíes (entre ellos 667.773 niños menores de cinco años, murieron debido a diversas enfermedades causadas por el bloqueo que, a instancias de Estados Unidos, le impone desde 1990.  Una de las principales causas de esas muertes ha sido la falta de medicamentos. Una ONG remitió una carta al presidente Bush denunciando que “el embargo contra Irak es un arma de destrucción masiva”.   Pues sí, gracias a la guerra del Golfo y al EMBARGO impuesto contra Irak: la mitad de la población está viviendo en la extrema pobreza, con 10 euros mensuales por familia, la esperanza de vida se ha reducido de 66 a 57 años y sólo el 44% de la población tiene acceso al agua potable (frente al 92% de 1990), 5.000 menores de cinco años mueren cada mes por hambre y falta de agua…

¿Ha cambiado algo en el conflicto Israel-Palestina? Nada en absoluto. Todo sigue como siempre: La ONU lamentándose, Estados Unidos vetando cualquier intervención que vaya contra Israel, el Papa reclamando la paz, distintas ONGs denunciando las intervenciones sangrantes del ejército israelí, los niños palestinos tirando piedras a los tanques israelitas y algunos inmolándose para atentar contra Israel, y Sharon ninguneando las resoluciones de la ONU, rechazando a las Comisiones de la ONU, bombardeando, ocupando y destruyendo los territorios palestinos y masacrando sin piedad a los ciudadanos palestinos, hombres, mujeres y niños. LO MISMO DE SIEMPRE: Como el año pasado, en abril, cuando Estados Unidos advirtió al Consejo de Seguridad de la ONU: “que se opondría ejerciendo su derecho al veto a cualquier proyecto de resolución que pidiese una investigación sobre los “hechos trágicos” ocurridos en el campo de refugiados palestinos de Yenín”. Como el año pasado, cuando el enviado especial de la ONU, Terie Roed-Larsen describió la destrucción del campo de Yenín, invadido el 3 de abril por el ejército de Israel, como “un horror que supera el entendimiento”, “está totalmente destruido, es como si le hubiera sacudido un terremoto”, “es absolutamente inaceptable”, “se me nubló la vista al ver el lugar”, “la actitud de los mandos israelíes  hacia los cadáveres ha sido moralmente repugnante”…Pero Sharon sigue haciendo oídos sordos y actuando a su libre albedrío. TODO SIGUE IGUAL y eso desautoriza a todo el mundo, a la ONU, a Estados Unidos, a la Comunidad Europea, a los países árabes, a todo el mundo.

LOS INTERROGANTES SE MULTIPLICAN. LAS RESPUESTAS BRILLAN POR SU AUSENCIA. Y es que faltan razones, o mejor dicho, se está cambiando la razón por la fuerza.