Abril-2004

 

La memoria es lo primero que se pierde…

siempre a favor de los poderosos.

 

Es frecuente que acontecimientos estremecedores, que hace tan solo unos meses ocuparon las portadas de los periódicos, de pronto desaparezcan mágicamente de nuestras mentes y de nuestras bocas. Mal asunto que los seres humanos nos volvamos cortos de memoria, eso sólo beneficia a los de siempre, a los “aprovechados”, a quienes quieren enterrar las polémicas, a los defensores del “borrón y cuenta nueva”, a los que inventan las leyes de amnistías generales, a los que imponen sus intereses a los ciudadanos porque están convencidos que la ciudadanía es olvidadiza. Los poderosos, los que dominan, los que mandan saben mover los hilos sociales, saben que los ciudadanos deben tener espacios para desahogarse, y las ONGs, y los Sindicatos,… eso está muy bien, pero también saben que a las pocas semanas todo habrá pasado y se habrá olvidado. En este terreno tienen un papel primordial los medios de comunicación.

Por cierto, los medios ya no comentan, ni opinan, ni siquiera critican, ahora fustigan. El cinco de Abril/2004, un columnista en Radio Nacional nos tachaba de modernistas antiamericanos a quienes manifestamos desacuerdo con las actitudes del gobierno de Bush y añadió que, defender la retirada de las tropas de Irak, es apoyar y estar a favor del terrorismo. ¿Quién le pagará a ese pendejo…?

 

Pues bien, solo pretendía hacer aquí un pequeño ejercicio de memoria.

¿Quién recuerda dónde y cuando se lanzaron miles de bombas racimo de destrucción masiva en estos dos últimos años? ¿Cuántos cientos de prisioneros han sido torturados en Guantánamo? ¿Cuántas veces han sido violados y despreciados la Carta de las Naciones Unidas, la Convención de Ginebra y el Derecho Internacional durante estos dos años?.

En enero de 2003, muchos analistas insistían en que las guerras no son soluciones. Le preguntaban al famosísimo corresponsal británico, Robert Fisk: ¿Tiene solución el conflicto de Oriente Medio?

–En los asuntos humanos no hay soluciones, pero sí acuerdos, justicia y ecuanimidad: darle a los palestinos un Estado, uno de verdad, con Jerusalén como capital compartida con los israelíes; que se cumplan las resoluciones de las Naciones Unidas (que vayan los inspectores a Irak, que lo desarmen si es necesario; que Israel desocupe los territorios retenidos desde 1967, como lo indica la resolución 242 del Consejo de Seguridad); acabar con el apoyo otorgado a los dictadores árabes sólo porque cooperan con Occidente; ayudar al sistema social del mundo árabe en su poder, sin criticar la religión musulmana; y leer historia, leer lo que Occidente ha hecho en esta región durante casi un siglo. Si haces todo eso, y especialmente si lees historia, comenzarás a entender por qué sucedió lo que sucedió el 11 de septiembre.

Muchas cosas y muy graves han ocurrido durante el año pasado, pero no precisamente en la dirección apuntada por los analistas.

 

¡Qué bueno que hiciéramos continuos ejercicios de memoria para comprobar la cantidad de contradicciones que se cometen!

¿Qué habrá pasado de aquella huelga de hambre de los presos de Turquía? La noticia fue de Enero/2003 y tremendamente impresionante: La huelga se inició en octubre/2000 por más de mil presos de izquierda protestando contra el sistema de celdas y reclamando los dormitorios comunales. Entre presos y sus familiares en huelga ya iban 64 muertos en Enero del año pasado.

Fíjense, hace apenas 1 año que nos hablaban de las tremendas sequías en Eritrea, UNICEF decía que ya habían muerto 90.000 animales, una de las pocas fuentes de alimentación. El 20% de sus niños desnutridos, 10.000 de ellos en estado grave. ¿Qué habrá sido de esa gente?

Por aquel entonces, hace doce o trece meses, la agencia de Naciones Unidas ACNUR reclamaba atención por las 60.000 personas que huían a Liberia a causa de los combates en Costa de marfil. ACNUR no pudo encontrar ni siquiera países que aceptaran a esos refugiados.

 

¿Cuántos años venimos escuchando propuestas de solución para el pueblo saharaui? ¿Por qué no se habrán llevado a la práctica, si hasta la ONU estuvo metida por medio?

Tras su visita a los campos de refugiados en Febrero del año pasado, Rigoberto Menchú, Premio Nobel de la Paz,  elevaba su petición a Naciones Unidas:

1. Mi reconocimiento a la valiente y ejemplar lucha del pueblo saharaui, sus mujeres y sus jóvenes, bajo la consecuente conducción del Frente Polisario por su libre determinación, su derecho irrenunciable a retornar a su territorio ilegalmente ocupado por el reino de Marruecos y a construir una vida digna para sus hijos.
2. Mi reiterado llamado a las Naciones Unidas, el Consejo de Seguridad, el Enviado Personal del Secretario General y a la comunidad internacional a buscar sin mayores dilaciones una paz definitiva y justa, fundada en el respeto de todas las resoluciones del Consejo de Seguridad y la Asamblea General que reafirman el principio del pueblo saharaui a su libre determinación, y a continuar la ayuda humanitaria y la protección a la población saharaui tanto en los territorios ocupados como en los propios campos de refugiados.

3. Mi reclamo al Reino de Marruecos a cumplir con dichas resoluciones, respetar los derechos humanos de la población saharaui en los territorios ocupados, permitir el libre tránsito y la observación internacional y garantizar el pronto desarrollo del referendum acordado en el Plan de Arreglo de 1990 y reiterado en los Acuerdos de Houston de 1997, absteniéndose de realizar mayores acciones dilatorias que impidan y distorsionen la libre expresión del pueblo saharaui.

4. Mi reconocimiento a la solidaridad internacional de estados, movimientos sociales y organismos no gubernamentales que han brindado al pueblo saharaui la posibilidad de sobrevivir en las más adversas condiciones, y desarrollar una singular experiencia de construcción social profundamente humana y una construcción institucional ejemplarmente democrática.

5. Comprometo mis esfuerzos y los de la Fundación que presido para respaldar esta lucha en todos los ámbitos a mi alcance, ampliando la solidaridad y propiciando los acuerdos políticos que hagan posible el logro de la paz y el fin del sufrimiento del pueblo saharaui en el plazo más breve posible.

 

Como decía el comentarista, todo sigue igual. Todo seguirá igual. Y cuando unos enmascarados se lleven a nuestro vecino, que habrá gritado en sueños la palabra "basta"; y tatúen unos números en los brazos de nuestros hijos; y el Banco de Bilbao se quede también nuestros ahorros; y el viento traiga hasta nuestros balcones el polvo radioactivo de un lejano país aniquilado; y nos muramos de repente o paso a paso, según decidan un Gobierno secreto y una Multinacional omnipotente; entonces querremos recordar pero será tarde.

 

d.t.