Junio-2004

 

GRITOS QUE NADIE ESCUCHA

 

Parece que nuestra sociedad, con tantos medios tecnológicos para detectar las partículas más minúsculas, los astros más lejanos, la identificación más complicada mediante el ADN,…Nuestra sociedad dotada para descifrar símbolos prehistóricos, sonidos de ultratumba, NO ES CAPAZ DE ESCUCHAR LOS GRITOS DE SUS SEMEJANTES que están al lado. Digámoslo, padece sordera.

 

Desde hace tiempo, se calificó la situación que se vive en el oeste de Sudán, debido al conflicto ininterrumpido entre el gobierno y los rebeldes, como “una de las peores crisis humanitarias del mundo”.

Jan Egeland, coordinador de Ayuda para Emergencias de Naciones Unidas, aseguró que envía diariamente al Consejo de Seguridad reportes de atrocidades en la región.

Desde hace un año han muerto miles de personas. Cientos de miles de africanos han huido de sus casas, debido a “una campaña organizada para forzar desplazamientos”. Las viviendas han sido saqueadas y quemadas y los alimentos destruidos.

La organización Human Rights Watch, con sede en Nueva York, afirmó días atrás que si no se pone fin a los abusos y no se da mayor acceso a las agencias de ayuda, miles de personas podrían morir de hambre en la zona, y al mismo tiempo confirma que cada vez hay más pruebas de las atrocidades cometidas por las fuerzas gubernamentales y grupos irregulares. Se violan a mujeres y niñas, se raptan niños y se queman aldeas. Se prende fuego a los graneros y se contaminan fuentes de agua, arrojando cadáveres a los pozos.

Mukesh Kapila, funcionario de la ONU, dijo: “es más que un conflicto, es un intento organizado por acabar con un grupo de gente”.

 

Ocurrió con el genocidio de 1994 en Ruanda. Los Comités de Solidaridad, las autoridades religiosas, personalidades,…lanzaron sus gritos de socorro.

Fueron 800.000 muertos, según la ONU. Masacres de centenares de miles de Tutsis planificadas por el poder extremista hutu. En cien días una décima parte de la población de ese pequeño país de África central murieron ante la indiferencia de la comunidad internacional.

Este año se ha conmemorado el 10º aniversario. ¿Para qué?. Allí acudieron unas quince delegaciones extranjeras. En el estadio, los sobrevivientes no podían contener las lágrimas. Otros conmocionados, tuvieron que ser evacuados del estadio.

El secretario general de Naciones Unidas, Kofi Annan, se limitó a lamentarse: “La comunidad internacional no había estado a la altura en Ruanda…Esto quedará para siempre como una fuente de amargas lamentaciones y pena para nosotros,…El genocidio en Ruanda nunca habría debido producirse, pero se produjo y ni el secretario de Naciones Unidas, ni el Consejo de Seguridad o los países miembros en general, ni los medios internacionales le acordaron suficiente atención a las señales que anunciaban el desastre”.

A buenas horas, calzas verdes…

 

Son tantos los gritos ahogados, los gritos perdidos…

¿Recuerdan cuando hace poquito, Iman Khamas, directora del Centro Observatorio de la Ocupación en Bagdad, gritaba que “la población civil estaba siendo asesinada en Faluya, que las fuerzas de ocupación llevan camino de causar una auténtica masacre…Han bombardeado una mezquita de Faluya, 47 iraquíes han muerto, hay centenares de heridos…No hay ambulancias, ni agua ni electricidad. Los periodistas tienen prohibido el paso y muchas de sus cámaras han sido rotas…Por favor, ayuda”?.

Nadie hizo caso. En un par de días, seiscientos ciudadanos iraquíes fueron asesinados brutalmente, 243 de ellos niños. Otros 2.000 resultaron gravemente heridos por la operación yanqui de castigo. Mezquitas bombardeadas, hospitales bombardeados, escuelas hundidas… Estos son los invasores “liberadores”, los que han llevado la democracia y la libertad a Irak.

¿Y las Naciones Unidas? El enviado especial de la ONU para Irak, Lajdar Brahimi, pidió a EEUU que actúe prudentemente en las ciudades de Faluya y Nayaf, que ya tenían rodeadas.

Hay situaciones en nuestro mundo que deberían estar anunciadas con grandes letreros: “Prohibido para menores de 60 años”, “Sólo permitido para conciencias dormidas”,…

Dejémoslo aquí, pero que conste que uno de los más bellos derechos del ser humano es el DERECHO A LA INDIGNACIÓN.

 

d.t.