Abril-2005

 

            TEMOR AL DEDO ACUSADOR DEL IMPERIO

 

En los últimos años se ha convertido en costumbre: Cuando el dedo acusador de Estados Unidos señala a un gobierno, ese país se pone a temblar. E inmediatamente los medios de comunicación de todo el mundo comienzan a trabajar, para convencernos a los ciudadanos de los países “aliados” con el Imperio de que “algo malo habrá hecho ese país acusado, que merece castigo”.  La clasificación de los acusados ahora tiene nombre: “EL EJE DEL MAL”.

 

Hace un año Estados Unidos impuso sanciones contra Siria. El secretario general de la Liga Árabe se quejaba: "Esto es algo muy lamentable... Esperamos que Washington reconsidere sus puntos de vistas hacia los árabes y tenga en cuenta que tomar una medida hostil hacia ellos es inaceptable".

Bush ordenó la aplicación de sanciones económicas contra Siria y las justificó porque, dijo, "apoya el terrorismo, mantiene la presencia militar en el Líbano, busca el desarrollo de armas de destrucción masiva y socava los esfuerzos de EE.UU. y la comunidad internacional para estabilizar y reconstruir Irak".

Las sanciones, aprobadas por el Congreso en noviembre de 2003 y firmadas por Bush un mes después, incluyen una prohibición de las exportaciones de EE.UU., con la excepción de alimentos y medicinas, e impone restricciones a las transacciones entre instituciones bancarias de ambos países. La orden ejecutiva cierra además el espacio aéreo estadounidense a vuelos comerciales sirios y autoriza la congelación de bienes de ciertos individuos y entidades de ese país, acusados de estar vinculados con el terrorismo, la ocupación del Líbano o la producción de armamento no convencional.

EEUU ha exigido con ultimatum, y con el apoyo de Naciones Unidas, la retirada de todas las tropas sirias del Líbano. El martes, 26 de abril/2005, tras 29 años de presencia en el Líbano, han salido los últimos soldados sirios.

Pregunta: Si el objetivo es la evacuación del Líbano ocupado, ¿puede la comunidad internacional olvidar que en la misma región siguen ocupados también desde 1967, por parte de Israel, el Golán sirio así como Cisjordania, Gaza y Jerusalén este, a pesar de las numerosas resoluciones del Consejo de Seguridad?

 

Esta es, según el Pentágono, una de las tres bases de Al-Itihad al-Islamiya (Unidad del Islam), la más conocida de las milicias islamistas somalíes. Se le considera vinculada a Al-Qaeda desde 1993. Ha luchado por recuperar Ogadén, una región que es somalí pero está en poder de Etiopía.

Somalia, con una extensión similar a la península Ibérica, tiene diez millones de habitantes y está considerado uno de los países más pobres del mundo. Sólo del 2% de sus tierras ofrece posibilidades de cultivos, el resto son pastos áridos, que soportan periódicamente largos años de sequía.

A su estado de miseria se añaden la grave sequía que ha dejado a medio millón de personas sin reservas de alimentos, el abandono por parte de las ONG tras el 11-S y el bloqueo impuesto por EEUU a la banca que impide llegar transferencias de los emigrantes.

Barcos de guerra alemanes y británicos patrullan a lo largo de la costa para evitar la salida o entrada de posibles miembros de Al-Qaeda y la llegada de armas. Agentes de inteligencia norteamericanos infiltrados, vuelos espías, control de comunicaciones y mensajes... La población siente temor. No se descartan bombardeos.

EEUU no lo considera propiamente país enemigo, como en el caso de Afganistán, sino país amenaza, dada su falta absoluta de control sobre su territorio y sus habitantes que permite la implantación de movimientos extremistas islámicos.

Los intereses de seguridad nacional de EEUU son absolutamente prioritarios y sus dirigentes van a mirar a África a través de este prisma, aceptando de nuevo sin ascos a presidentes corruptos o manipuladores de una democracia falsa, pero fieles perros guardianes de su país o su región. La fórmula que resume la política africana

de la administración Bush es “se acabó la retórica, viva la geopolítica”, que puede ser reemplazada por una variante aún más negativa: “ya se acabó la democracia, viva el antiterrorismo”.

 

En el punto de mira y dentro del denominado “EJE DEL MAL” está tambien clasificado Irán. Un  analista político del estadounidense Nation Institute escribía: “En los medios de comunicación, llenos de información sobre las relaciones entre el Gobierno de Bush e Irán, casi sin excepción se habla del programa nuclear iraní y de las negociaciones de Europa y de EEUU con Irán sobre ese asunto. Durante varias semanas seguidas se podría leer nuestra prensa sin saber que Irán reposa sobre un mar de petróleo y gas natural”.

Curiosamente con Irak ocurrió algo parecido: se comenzó a hablar de armas de destrucción masiva, pero nunca de ser uno de los países con más reservas petroleras del mundo.

El Financial Times, exhortaba hace poco: “El FMI advierte del peligro de un ‘permanente shock petrolífero’”, pero la gravedad del asunto tiende a pasar inadvertida.

Todas las guerras suelen obedecer a varios motivos, pero siempre hay entre ellos alguno primordial, que suele enmascararse tras otros menos impresentables. Puede que algún alto funcionario de EEUU se vaya de la lengua en un momento dado —como también ocurrió cuando la guerra de Irak— y comente públicamente que no puede olvidarse que Irán descansa sobre “una esponja empapada en gas y petróleo”, pero el tabú es muy fuerte y nunca se reconocerá de modo oficial el principal motivo de la agresión, dice A. Piris.

Pues, ¡mucha atención!, Irán es el segundo país con más reservas petrolíferas sin explotar, tras Arabia Saudí. Además cuenta con enormes reservas de gas. Todo ello muy apetitoso para las voraces fauces del mundo desarrollado, cada vez más sedientas de recursos energéticos.

Y, por otra parte, la situación geográfica de Irán pone en peligro el vital suministro de crudos procedentes de la región. Sólo por el estrecho de Ormuz circula el 40% de todas las exportaciones petrolíferas del mundo.

Irán tiene todos los puntos para situarse actualmente a la cabeza del “EJE DEL MAL”, donde también se encuentra Corea del Norte.

Mientras sea el petróleo la sangre que corre por las venas del llamado progreso, asegurar su suministro será la principal preocupación de Occidente, aunque tenga que disimularla con ropajes morales, religiosos o políticos.

 

d.t.