Septiembre-2005

Sondeamos opiniones y análisis sobre

la última Cumbre de la ONU, considerada

como único Organismo posible y capaz de equilibrar el planeta.

 

ONU: Quien manda, manda

 

En septiembre se celebró la Cumbre del 60 cumpleaños de la ONU. Buenos deseos previos flotaban en el ambiente: Ojalá se reformen sus estructuras y todos los países puedan estar justamente representados, en un clima de respeto e igualdad. Ojalá se reformule completamente su política de ayuda al desarrollo y se adopten medidas eficaces contra la pobreza, abolición de la Deuda Externa de los países empobrecidos, un comercio internacional más justo,...

Dos deseos que correspondían a dos grandes crisis a nivel mundial: la del sistema político internacional y la de las políticas económicas mundiales.

Los buenos deseos quedaron sólo en eso.

 

La ONU  fue inventada por los que mandan y configurada de acuerdo con sus intereses, y ellos quieren seguir mandando. Aquellos cinco grandes vencedores de la Segunda Guerra Mundial, fueron y son los únicos cinco países permanentes y con derecho a veto en el Consejo de Seguridad (EEUU, Rusia, China, Reino Unido y Francia), órgano supremo decisorio, y no quieren ceder una milésima de poder. Por lo tanto, hay poco que hacer, si no es del beneplácito de esos cinco. Cinco mandamases que incluso se permiten incumplir los principios de la Carta de Naciones Unidas: Estados Unidos, el miembro que debe más cotas impagadas, manifestó no estar dispuesto a asumir ninguno de los elementos restrictivos al uso de la fuerza que ordena la Carta constitucional.

 

La historia refleja ese juego de poder y de intereses. La estructura de la ONU ha permanecido rígida, a pesar de los cambios en el mundo: en 1945 predominaba el yugo colonial, sólo había 50 países independientes (hoy son 191).

Al crearse la ONU, por primera vez quedó prohibido el uso de la fuerza. La guerra o cualquier intervención militar constituía “delito contra la paz”, excepto en caso de legítima defensa frente a un agresión exterior. Para resolver las diferencias entre Estados y sancionar a los países que no respetasen la paz, se instituyó en el seno de la ONU, el Consejo de Seguridad como autoridad suprema.

Pero los cinco mandamases al frente del Consejo tenían el poder de controlar todos los movimientos y de oponerse a las decisiones contrarias a sus intereses.

¿Y si surgían conflictos entre los cinco, o que afectasen a alguno de ellos? Pues quedaría en evidencia cómo está estructurada la ONU, cuáles son sus niveles de democracia o de dictadura, de autoridad o de dependencia, y cuál ley impera dentro de ella, la del consenso internacional o la “ley del más fuerte”.

Y la historia habla por sí sola: Comenzó la guerra fría en 1948, con la rivalidad EEUU y Rusia, y la ONU comenzó a hacer aguas. La Organización no pudo evitar la guerra de Vietnam, ni las agresiones norteamericanas contra Cuba, Nicaragua, Granada y Panamá, ni tampoco las intervenciones soviéticas en Hungría, Checoslovaquia y Afganistán. Ni la docena de “conflictos de baja intensidad” que se multiplicaron en África, Asia y América Latina causando millones de muertos.

Cae el muro (1989) y se produce el desbarajuste interno de la Unión Soviética (1991) y la situación se complica más: Estados Unidos queda como única superpotencia tentada por el unilateralismo o imperialismo. Y así invadió Irak en 2003 a pesar de la no autorización de la ONU. O, por ejemplo, rechazó e invalidó las resoluciones condenatorias contra las masacres de Israel en Palestina.

Por otra parte, muchos países “grandes” del Sur (Brasil, México, India, Nigeria, Sudáfrica, Egipto) reclaman mayor representación del tercer mundo, donde viven los dos tercios de los habitantes del planeta, dentro del Consejo de Seguridad.

También reclaman un lugar en el Consejo dos grandes potencias económicas del mundo, Alemania y Japón, excluidos desde el principio al ser dos grandes vencidos en la Segunda Guerra Mundial.

El mundo cambia, la ONU no: todo está “atado y bien atado”.

 

El Secretario General, Kofi Annan, quiso ondear en la Cumbre la bandera de los Objetivos del  Milenio: En el 2000 se había acordado reducir en 2015 un 50% de los 850 millones de personas en “extrema pobreza” (que sobreviven con menos de 1 dólar diario) y conseguir otros 7 objetivos, y para ello los países desarrollados deberían aportar el 0,7% de su PIB. Una cantidad ínfima comparada con sus gastos militares. Exigió compromisos concretos para reducir la pobreza y la enfermedad, para promover el desarrollo y los derechos humanos.

Un texto de Resolución había sido preparado minuciosamente por todos los países durante muchos meses para esta Cumbre. El texto incluía los Objetivos del Milenio contra la pobreza y otros compromisos para fortalecer la seguridad mundial y reformar la ONU haciéndola más participativa.

De un plumazo se cargaron todas las propuestas y compromisos. El Sr. Bolton, nuevo embajador de EEUU ante Naciones Unidas, se sobró con 450 enmiendas para cargarse a última hora todo el texto de la Resolución preparado por el resto de países: Las palabras “pobreza” y “hambre” fueron sustituidas por la de “terrorismo”. Ningún problema está por encima, ninguna orden puede hoy ejecutarse que no esté referida al “terrorismo”. Los mandamases consideran más rentables atacar las “consecuencias” que acometer las “causas”. ¿Será otra forma más de cuidar su impunidad?: precisamente son esos “super-cinco” los mayores productores de armamento en el mundo y quienes más guerras de ocupación han desencadenado.

Nada de compromisos de ayuda al desarrollo, nada de compromisos para combatir el cambio climático, nada de derechos de los emigrantes... Mejor “lucha contra el terrorismo y limitación de las armas de destrucción masiva”. ¿Limitación?, es decir: sólo los buenos podemos tener armas de destrucción masiva.

Oigan, ¿Y quiénes son los buenos?. Los que el gobierno norteamericano diga. Y por si surge alguna duda, EEUU quiere borrar toda referencia al Tribunal Penal Internacional, al que niegan toda legitimidad, por lo menos para juzgar norteamericanos. Claramente, a la administración Bush le sobra la ONU. Bolton profetizó varias veces en el pasado: “No hay Naciones Unidas”.

El texto consensuado por todos los países fue sustituido por otro enmendado. El foro que se esperaba de diálogo, se convirtió en un foro de “ordeno y mando”.

 

Un grupo de estados europeos, latinoamericanos y asiáticos quisieron hacer presión a favor de la reforma, pero de nada les sirvió.

¡Por favor, que el mundo ha cambiado política, económica y socialmente!

Los países del Tercer Mundo se sienten ofendidos por el protagonismo que asumen los países desarrollados.

En su turno de discursos, el presidente venezolano expresó con claridad el sentir de muchos pueblos: las Naciones Unidas han agotado su modelo, y no se trata simplemente de proceder a una reforma, el siglo XXI reclama cambios profundos que sólo son posibles con una refundación de esta organización. Esto no sirve, hay que decirlo, es la pura verdad”.

Y refiriéndose al amañado documento final dijo: “este documento fue entregado cinco minutos antes, ¡sólo en inglés!, a nuestros delegados y se aprobó con un martillazo dictatorial, que denuncio ante el mundo como ilegal, írrito, nulo e ilegítimo.  Oíganme una cosa, señor Presidente, si nosotros vamos a aceptar esto, es que estamos perdidos, ¡apaguemos la luz y cerremos las puertas y las ventanas! Sería lo último: que aceptemos la dictadura aquí en este salón”.

Y recordó un texto de la  Resolución 3.201 de 1974 donde la ONU acordó trabajar con urgencia para establecer un Nuevo Orden Económico Internacional basado en la equidad, la igualdad soberana, la interdependencia, el interés común y la cooperación entre todos los estados cualesquiera que sean sus sistemas económicos y sociales, que corrija las desigualdades y repare las injusticias entre los países desarrollados y los países en desarrollo, y asegure a las generaciones presentes y futuras, la paz, la justicia y un desarrollo económico y social que se acelere a ritmo sostenido”.

Y concluyó: “Hoy reclamamos desde los pueblos un nuevo orden económico internacional, pero también resulta imprescindible un nuevo orden político internacional, no permitamos que un puñado de países intente reinterpretar impunemente los principios del Derecho Internacional para dar cabida a doctrinas como la “Guerra Preventiva”, ¡vaya que nos amenazan con la guerra preventiva!, y la llamada ahora “Responsabilidad de Proteger”, pero hay que preguntarse quién nos va a proteger, cómo nos van a proteger... Esos son conceptos (“protegernos unos a otros”) muy peligrosos que van delineando el imperialismo, van delineando el intervencionismo y tratan de legalizar el irrespeto a la soberanía de los pueblos. El respeto pleno a los principios del Derecho Internacional y a la Carta de las Naciones Unidas deben constituir, señor Presidente, la piedra angular de las relaciones internacionales en el mundo de hoy, y la base del nuevo orden que propugnamos”.

El presidente de la sesión, Jan Eliasson, comentó: “un niño muere en el mundo cada tres segundos por pobreza. Muchos niños seguirán muriendo durante los cientos de miles de segundos que durarán los más de 170 discursos, casi todos deplorando la pobreza. Todos regresaremos a casa con la foto y el planeta seguirá girando como si nada hubiera ocurrido”.

 

Kofi Annan, valora los resultados de la Cumbre diciendo que “el vaso también está medio lleno”. Es su misión: los  políticos siempre afinan para justificarse y a la vez engañar y conformar  a la ciudadanía.

Según el secretario, el documento final ha sido una significativa manifestación de unidad a escala mundial sobre un gran número de cuestiones: se han conseguido avances importantes en desarme nuclear y política de derecho humanos.

La realidad fue otra: Las propuestas del Secretario fueron rechazadas, e incluso, se rechazó que el Secretario gozara de autoridad ejecutiva para desempeñar las funciones que se encomiendan a Naciones Unidas.

Multitud de coros cantan “el fracaso de la ONU”: los líderes mundiales no supieron responder a los retos del siglo XXI y han defraudado a millones de personas que reclamaban medidas eficaces contra la pobreza y un Organismo internacional más representativo y participativo.

Se sucedieron más de 170 discursos sobre cómo salvar al mundo y lograr la paz y respetar los derechos humanos, se reconocieron los problemas, se admitieron los principios, pero no se bajó a detalles y a medidas operativas. Sonrientes, los 170 y pico jefes de Estado se tomaron la foto juntos y se marcharon a casa.  Lo típico de todas las Cumbres.

No resultan extraños los recientes estudios de Gallup y BBC concluyendo que los políticos figuran últimos en la escala de confianza en todo el mundo con sólo un 13% (en Latinoamérica un 4%). Se lo están ganando a pulso.

 

d.t.