Junio-2006

 

Los perros flacos…

 

La rueda de la historia nos trae de vez en cuando algún fenómeno natural de grandes repercusiones: fenómenos que se convierten en interesantes retos en los países ricos, pero en grandes catástrofes y tremendas desgracias en los países pobres.

Está bien dicho lo de “pobre perro flaco”…

El terremoto le ha tocado a Indonesia: De intensidad 6,2, ha supuesto la muerte para más de 6.000 personas, 50.000 heridas y más de  200.000 desplazadas obligadas a abandonarlo todo. Cientos de edificios se derrumbaron. El terror se incrementó al crecer la actividad del volcán Merapi, posiblemente provocado por el terremoto.

No hay misterio encerrado. Indonesia ya era víctima de la miseria y, por tanto, terreno abonado para cualquier terremoto: gente sin techo que duerme bajo los coches; hombres que se acercan a los occidentales paseantes para ofrecerles a sus hijas adolescentes por un puñado de dólares (20 dólares por disfrutarla durante varios días, 20 dólares que suponen comida para toda esa familia durante 15 días).

¿Un fenómeno NATURAL?. Me cuesta aceptar lo de “natural”, si lo comparo con las repercusiones de terremotos similares en otros países más desarrollados.

Me cuesta, aún más, después de escuchar al embajador español en Yakarta diciendo que la población española no se vio afectada por el terremoto. Y puso como ejemplo la tranquilidad de los clientes occidentales en el Hotel Meliá Purosani, de Yogyakarta, que ni siquiera habían notado el terremoto. Es un hotel de cinco estrellas de los que no hay en España, con un enorme lujo asiático. Volvemos a preguntar: ¿Realmente son tan “naturales” estos fenómenos, o al menos sus consecuencias?.

 

Inmigrantes: La avalancha de cayucos o pateras está a punto de desaparecer de los periódicos españoles. Con el “mundial de fútbol” no queda espacio libre. Para colmo entramos en época de vacaciones…

Por cierto, ¿recuerdan cuando Senegal rechazó recientemente una devolución de inmigrantes?. No sólo rechazó el desembarco del avión, además denunció al gobierno de Zapatero por inhumano, por enviar a los inmigrantes esposados. Sindicatos policiales españoles reconocen que llevaron a los 99 inmigrantes engañados y esposados “para evitar una situación de violencia”.

¿Acaso la ley de extranjería, por mala que sea, no habla de derechos a asistencia letrada y a un intérprete y a ser informados de su expatriación?.

Las soluciones de los países “desarrollados” parecen tener claras las soluciones: vallas, controles electrónicos, patrullas de vigilancia por parte del ejército o de la policía, muros enormes, etc.

Soluciones que se están adoptando desde Estados Unidos hasta España.

Es preciso defender el territorio nacional ante la migración ilegal, dicen.

Esa misma migración, que no goza de protección de sus derechos laborales, es solicitada para tareas agrícolas, turísticas o domésticas. Se les rechaza la legalidad de su trabajo, pero no su trabajo.

El famoso sistema de Libre Comercio exige que los bienes y el capital deben moverse con libertad, pero prohíbe hacer extensivo este principio de mercado al movimiento de las personas.

Los países ricos tienen su consigna: protejamos nuestros derechos, nuestra propiedad y empleos, no los derechos, la propiedad y los empleos del mundo entero.

 

Por lo demás, no cesan los gritos. Pero, desgraciadamente, los que tienen el poder y el dinero sufren de sordera.

El presidente de la República Saharaui, Mohamed Abdelaziz, sigue reclamando al Secretario General de la ONU, Kofi Annan, que intervenga ante Marruecos para detener la represión en el Sáhara Occidental y para que libere a todos los presos políticos. Le reclama que se organice el tantas veces prometido referéndum de autodeterminación. ¿No se le caerá la cara de vergüenza a Kofi Annan cuando recibe estas cartas?.

Otro grito habitual que se ahoga con silencio procede de Palestina: Las fuerzas de ocupación israelitas mataron en Gaza y Cisjordania, durante el pasado mes de mayo, a 44 palestinos, 183 fueron heridos y otros 481 arrestados. Continúan los bombardeos.

Definitivamente, lo diga quien lo diga, y así figure escrito en todas las leyes del mundo, no todos los seres humanos somos tratados como iguales, no todas las personas gozamos de igual dignidad, no todas las vidas valen lo mismo,…

 

d.t.