Julio-2007

 

La inmigración: un fenómeno irreversible

 

En plena temporada de vacaciones y de turistas, a otros navegantes se los traga el mar.  El 19 de Julio, en las cercanías de Canarias, se hundía otro cayuco procedente de África. Sobrevivieron 48, pero más de 50 personas desaparecieron en el mar. Este mismo día las bolsas españolas consiguen sus índices más altos de ganancias y las televisiones del mundo llenan sus pantallas con la explosión de una tubería de vapor en Nueva York que provocó escenas de pánico (los norteamericanos ven terror en todos los rincones…por algo será). Y el mismo día, se sacaban del puerto mauritano de Nuadibú a los últimos 23 inmigrantes asiáticos que viajaban en el pesquero Marine I (allí vivían hacinados en una nave de pescado desde el 12 de febrero, 5 meses). También contaba la prensa que actualmente “más de dos millones de extranjeros cotizan a la Seguridad Social en España”.

En todo caso, en la madrugada del 19 de julio, más de 50 inmigrantes perecieron  en el océano Atlántico, al que se considera culpable por presentar olas de hasta cuatro metros y fuerte viento.

 

Todavía algún partido político en España continúa hablando del “efecto llamada” y exigiendo medidas más restrictivas para impedir la entrada de inmigrantes. La ley ya se endureció tanto, que se duda de su constitucionalidad. Pero el flujo de inmigrantes no se reduce.

Como dice Martín Seco, “la sociedad española y la europea harían bien en tomar conciencia de la irreversibilidad del fenómeno”.

¿Qué más efecto llamada para los que viven en condiciones miserables que la visión de nuestras sociedades opulentas y de consumo que despilfarran y desechan las cosas para ellos más necesarias? Más que de un efecto llamada se debería hablar de un efecto huida, huida del hambre, de la enfermedad y de la pobreza. La huida tiene tal fuerza que no habrá ley capaz de impedir la avalancha. ¿Qué norma, por represiva que sea, puede contener a aquel que está dispuesto a jugarse la vida en una patera?. 

La creencia de que este mundo es estable, a pesar de los enormes desequilibrios y desigualdades existentes, es de una gran ingenuidad o de una gran inconsciencia. ¿Qué estabilidad puede darse con 1.300 millones de personas viviendo con menos de un dólar al día? En cierta forma, a las sociedades les son aplicables las leyes de los fluidos. Cuanto más grande es el desnivel, mayor será la amenaza de que se desaten fuerzas que, arrasando todo, tiendan al equilibrio.

 

La prensa dice que se han requisado en España 700.000 tubos de pasta de dientes que entraron sin control sanitario procedentes de países extranjeros (Sudáfrica, Camerún, Marruecos, Brasil, China…). Dentífricos, además, con una sustancia tóxica (dietilenglicol) que habían sido distribuidos en hospitales, hoteles y compañías aéreas. El País informa que "centenares de artículos de alimentación e higiene se comercializan en España de manera irregular…pastas de dientes, jabones, perfumes, fideos chinos, salsas o tintes para el pelo" y pueden encontrarse en distintos bazares.

Ya ven, como dice Pascual Serrano, el control de nuestras fronteras es muy diligente para la entrada de inmigrantes sin papeles pero no para contenedores enteros de dentífrico sin control sanitario. Los productos atraviesan en grandes camiones continentes enteros, cruzan numerosas fronteras, son embarcados y desembarcados en puertos sin que su presencia irregular sea percibida. Mientras eso sucede los sistemas de control son destinados a que no vengan de esos mismos países las personas huyendo de la pobreza. Para nuestras autoridades y nuestro modelo de blindaje europeo, la toxicidad procede de los ciudadanos africanos o chinos no del dietilenglicol en los productos que consumimos. 

Estamos construyendo una Europa donde los servicios de aduanas y fronteras permiten la entrada de productos manufacturados -tóxicos o no- y, por supuesto capitales, mientras se persigue a los hambrientos.

 

El informe de junio-2007 de Fortaleza Europa parecía un parte de guerra: 154 muertos en las rutas de la inmigración clandestina en el mes de junio, entre ellos 7 mujeres y 3 niños (118 en el Canal de Sicilia, 28 en Argelia, 4 en Canarias, 2 en el Egeo, un joven ahogado en un camión en Francia, otro nigeriano en España).

Cada ruta está marcada por centenares de muertos (por ejemplo, las rutas libias cuentan ya con 249 muertos en este año, la ruta del Egeo con 67 muertos,…). En España hablábamos del Estrecho de Gibraltar, pero el trecho de mar entre Libia, Malta y Sicilia se ha convertido en otra fosa común, las víctimas se cuentan por miles.

Y, desde luego, Libia no es un lugar seguro donde dejar a los emigrantes interceptados en el mar. Desde septiembre de 2006 los detenidos en Libia no son menos de 12.000, según datos oficiales. Detenidos durante meses, mujeres, hombres y hasta niños, sin distinción alguna para los refugiados reconocidos por la ACNUR de Trípoli. El mes pasado Fortress Europe documentó la detención, desde hace seis meses, de 400 jóvenes eritreos, etíopes y somalíes en la cárcel de Misratah, entre los cuales había 50 mujeres, 7 niños y 3 refugiados. Un mes después se ignora qué ha sido de ellos. Pero, como documenta el libro-reportaje Mamadou va a morire, se les suele deportar a Kufrah, un centro de detención financiado por Italia. En Kufrah se han denunciado torturas y abusos documentados por Human Rights Watch. De Kufrah parten camiones repletos de deportados a los que después abandonan en pleno desierto en la frontera con Sudán. 

Turquía lleva detenidas en este año a 1800 personas a punto de emigrar.

El año pasado, Grecia expulsó a 80.000 personas.

En 2004, España expulsó a 74.000 inmigrantes.

 

Es de agradecer que haya grupos empeñados en hacernos reflexionar, en ayudarnos a ser lúcidos y creativos  a la hora de construir una sociedad cohesionada, que sea acogedora y hogar de todos nuestros conciudadanos. Ejemplo de ello son las recientes reflexiones sobre la inmigración ofrecidas por Chitianisme i Justicia.

1. La inmigración forma ya parte constitutiva de nuestra sociedad. La mayor parte de los inmigrantes llegados los últimos años están aquí para quedarse. La cuestión es cuánto tardaremos en comprender este nuevo fenómeno, en adaptarnos a un cambio social que ya se ha producido. No se trata de una cuestión marginal, complementaria. No es razonable considerar la población de nuestro país olvidando el hecho de que una parte significativa de ella procede de otros países. Por ello toda la sociedad, incluida la Administración, ha de actuar a partir de esta realidad.

 

2. Los inmigrantes llenan un serio vacío demográfico de nuestra sociedad, derivado del desplome de la natalidad desde 1975. En 2011 habrá en España unos tres millones menos de jóvenes de nacionalidad española (15-29 años) de los que había en 1991, sin contar con los extranjeros nacionalizados. Habrá, por tanto, en edad de incorporarse al mercado de trabajo, mucha menos población autóctona de la que había veinte años antes. El aumento significativo de la incorporación de la mujer al trabajo podrá compensar en alguna medida este vacío, pero sin el aporte de población extranjera, la economía española resultaría seriamente afectada. La inmigración es necesaria. El “efecto llamada” no radica, principalmente, en las regularizaciones, sino en la demanda real de mano de obra.

3. La inmigración ha traído considerables beneficios económicos y sociales: crecimiento del producto interior bruto, mayores ingresos para la Seguridad Social, mejores perspectivas en futura financiación de las pensiones y mayores ingresos fiscales para el Estado. Esta visión positiva del impacto económico de la inmigración es compartida por una amplia mayoría de los expertos, sin que ello implique negar que también comporta algunas dificultades.

4. Los inmigrantes aceptan a menudo condiciones de trabajo inhumanas y mal retribuidas, que la mayor parte de los autóctonos no aceptan, y que son útiles para los objetivos del neoliberalismo económico. La difícil situación por la que pasan muchos inmigrantes extranjeros es, pues, la consecuencia de un sistema económico que puede llegar a ser particularmente cruel.

5. No es justo decir que todos los inmigrantes vienen sólo atraídos por nuestras “luces de la ciudad”: las familias (sobre todo subsaharianas) que se desprenden de sus hijos y los embarcan en una aventura arriesgada, lo hacen al experimentar la imposibilidad de vivir una vida mínimamente digna.

6. Existe una imagen sesgada de la inmigración. En pocos años han llegado muchos inmigrantes a nuestro país. Hay, pues, mucha población en las fases iniciales de la inmigración, las más difíciles. Se tiende a extrapolar hacia el futuro esta situación y pensar que las cosas van a ser siempre así. Pero, si se hacen las cosas bien, ha de ser posible una sociedad cohesionada, con relaciones interculturales fluidas. Las reacciones xenófobas y racistas no hacen más que ponernos en evidencia, contradiciendo lo mejor de nuestra cultura.

Para construir una sociedad cohesionada es imprescindible que los ciudadanos comprendan adecuadamente el hecho de la inmigración. El modo como la sociedad autóctona acoja a los recién llegados es, cuanto menos, un elemento tan decisivo como el propio perfil de los inmigrantes.

7. Los inmigrantes deben tener acceso a la promoción social. Si no es así, a largo plazo se crearán sociedades conflictivas, como se ha podido comprobar recientemente en algunos lugares de Francia. Para ello es fundamental que haya una auténtica igualdad de oportunidades. No hay duda de que lo que suceda con los hijos y nietos de los actuales inmigrantes será determinante del éxito o fracaso de la sociedad que estamos construyendo.

8. Se han de crear canales eficaces para entrar legalmente en España. No hay duda de que debe existir algún tipo de control de los flujos migratorios. Pero si de facto no se abren suficientes cauces para entrar legalmente, los inmigrantes llegarán por cualquier medio que esté a su alcance mientras siga habiendo aquí demanda de trabajo y en sus países de origen una situación difícil.

9. España necesita un pacto estatal sobre la inmigración. Un pacto que exige dialogar entre todas la fuerzas del arco parlamentario. Hace falta un pacto de Estado, que reconozca los derechos humanos de los inmigrantes y sus deberes y que no dependa, en lo substancial, del partido que se encuentre en el gobierno.

10. La realidad de las migraciones es un proceso dinámico. Un proceso que evoluciona a lo largo del tiempo y de las generaciones. Se trata de una evolución de

las actitudes, de los comportamientos y de las mismas identidades. Trabajar para una sociedad cohesionada supone un esfuerzo tanto para la población recién llegada como para la receptora. Ello supondrá la conversión de actitudes personales y grupales. Se deberán establecer algunos valores y pautas de comportamiento básicos consensuados por unos y por otros. Quisiéramos proponer algunos de ellos.

A. Población inmigrada:

- La aceptación de aquellos valores fundamentales de nuestra sociedad que, al menos aquí, tienen pleno sentido humanizador. Así, por ejemplo, los valores democráticos, la libertad religiosa, la igualdad entre hombres y mujeres, constituyen irrenunciables necesarios en la sociedad occidental. Quien no esté dispuesto a aceptar ese tipo de valores, difícilmente podrá encontrar un sitio en nuestra sociedad.

- En el caso de los creyentes de una religión no cristiana, la vivencia de su fe como religión en convivencia con otras, y no como la religión oficial –o casi única– propia de algunos de sus países de origen.

- La implicación en espacios de participación ciudadana y convivencia que permitan estrechar lazos y conocimiento con los ciudadanos autóctonos.

- La apertura a un conocimiento y aprecio por las tradiciones culturales locales. Uno de los indicadores de una sociedad integrada es que se da algún modo de participación de los inmigrantes en las formas celebrativas tradicionales que constituyen el alma de un país determinado. La población inmigrada debe poder también no sólo aportar su “acento” a estas celebraciones sino aportar sus formas celebrativas propias al patrimonio cultural del país de acogida.

 

B. Población autóctona:

- Los medios para que las personas inmigradas puedan vivir junto con los demás ciudadanos, sin que se vean obligados a formar guetos porque no se les acoge en ningún otro sitio.

- Acoger y dejarnos transformar por las críticas a los pseudovalores de Occidente.

- El reconocimiento del derecho a participar en las elecciones locales, como instrumento necesario para promover su participación en la construcción de la sociedad y ser tenidos en cuenta por la clase política.

- El acceso a los centros educativos en condiciones de igualdad. Los hijos e hijas de las familias inmigradas deberían tener acceso a los centros educativos tanto públicos como concertados, promoviendo para ello pactos con las autoridades pertinentes que lo posibiliten, modificando, si es necesario, la normativa que relaciona lugar de residencia con el de enseñanza.

- El respeto y conocimiento de los valores y elementos fundamentales de su cultura

y religión, facilitando aquellas estructuras educativas que apuesten por la interculturalidad y por espacios de participación y relación en condiciones de igualdad. Facilitar el derecho a ejercer sus prácticas religiosas en espacios dignos.

 

Construir una sociedad mejor aquí, es sólo una parte de la solución. Se ha de buscar un orden económico internacional que no genere pobreza en la mayor parte del mundo y que establezca unas relaciones económicas que les ayuden a superarla. Ello implica invertir en el Sur, especialmente en África, para crear medios de vida allí, no un máximo beneficio aquí.

Invertir por consiguiente, en condiciones diferentes a las que suelen imponer las multinacionales. Invertir respetando el medio ambiente, las leyes fiscales y políticas, y garantizando unas condiciones de trabajo dignas y humanas.

A las personas que se sonríen ante reflexiones como éstas, o miran para otro lado ante hechos desgraciados como los arriba descritos, les haríamos una sola pregunta: ¿emigrarías tú?

 

d.t.