Noviembre-2007

 

Reivindicar la memoria histórica, es reivindicar dignidad

 

Hace muchos años ya se decía por Latinoamérica… “Recuperar la memoria histórica”. Era una reivindicación popular.

Las víctimas de las dictaduras: miles de personas desaparecidas y asesinadas, poblaciones masacradas, líderes torturados hasta la muerte,…no pueden ser borradas de la memoria sin más. Porque un pueblo sin memoria puede convertirse en un  pueblo traidor.

Al igual que Las Madres de la Plaza de Mayo de Argentina, hay, por ejemplo,  grupos de mujeres en Bosnia, Sarajevo, Herzegovina, Serbia, Ciudad Juárez de México, Argelia, Israel, Irak, Bolivia, Colombia… que reivindican la memoria histórica de sus hijos y nietos desaparecidos…Es decir, reclaman “un esfuerzo consciente de la ciudadanía por entroncar con su pasado, con sus víctimas, valorándolas y tratándolas con especial respeto”.

 

Reivindicar la memoria histórica es reivindicar dignidad. Indigno es dejar en el olvido las matanzas de nuestra gente inocente, y que sean noticia apenas el tiempo que se tarda en pasar la página de un periódico.

Renunciar a la memoria histórica significa conceder impunidad a los asesinos.

 

Lo que sucedió, sucedió, aunque no se recuerde. En el pasado Agosto hubo 42 muertos y medio centenar de heridos por dos atentados simultáneos en un parque y en un restaurante en Hyderabad, al sur de la India. Sucedió.

 

Las víctimas no las entierra el olvido. Cada día, unas 1.200 personas mueren en Congo Kinshasa, como consecuencia de la violencia, las enfermedades y la desnutrición, decía UNICEF el pasado 26 de julio. La mitad de estos afectados son niños. La guerra se ha cobrado allí las vidas de 4 millones de personas.

 

Cada pueblo tiene su memoria histórica y debe recuperarla.

El mar puede tragarse los cuerpos, pero no la memoria.

Durante octubre-2007, 296 inmigrantes y refugiados murieron en las fronteras de la Unión Europea. Esos son los que se saben. Más de 200 desaparecieron camino a Canarias (España), 51 en el Canal de Sicilia y Calabria, 33 en el mar Egeo (entre Turquía y Grecia). Desde principio de año constan 1.343 muertos.

El Mediterráneo y el Atlántico se han convertido en fosas comunes. Nadie puede decir cuántas vidas devoran al año.

Otros 53.842 inmigrantes fueron detenidos y deportados a Libia en 2006. Además de los 60.000 detenidos en las cárceles libias en mayo de 2007. Algunos hablan de las cárceles libias peor que de la muerte.

Se habla de 40.000 detenidos en Marruecos, desde 2000 hasta 2007. Al menos 27.500 inmigrantes fueron deportados, la mayoría abandonados en las fronteras con Níger y Malí, en medio del desierto del Sahara.

Son gravísimas las acusaciones contra las autoridades griegas por las torturas que se utilizan con los inmigrantes. Grecia pidió a Turquía la readmisión de 23.689 inmigrantes detenidos por falta de documentos.

Turquía, Chipre,…toda una dolorosa lista de inmigrantes rechazados.

También 5.000 inmigrantes murieron en la frontera entre México y EE.UU. en 13 años.

¿Quién reivindicará estos muertos, desaparecidos, torturados,…?       

 

La memoria histórica pone en evidencia la impunidad de los asesinos y las leyes que les favorecen. Se trata de desenterrar lo mal enterrado, lo injustamente sepultado.

Por ello es peligroso, por eso resulta arriesgado para quienes reivindican esa memoria histórica.

Les ha ocurrido a los zapatistas en México, a los teólogos de la liberación en Latinoamérica, a los delegados de derechos humanos en Colombia,… Los muertos siguen siendo peligrosos incluso después de muertos.

 

Cuando llega la fecha de aniversario del golpe militar en Argentina la gente se echa a la calle. No quieren olvidar. Quieren que se siga juzgando a los asesinos. Consiguieron que se anularan las “leyes del perdón” aprobadas por los presidentes Alfonsín y Menem. Se anularon los indultos. Celebran que la Audiencia Nacional española vaya a juzgar al ex militar Ricardo Miguel Cavallo por los crímenes cometidos durante la dictadura argentina entre los años 1976 y1983. Otros militares han sido ya condenados. Pero saben que hasta conseguir estos pasos han sufrido muchas persecuciones.

 

En Colombia denuncian con humor: Consideran que la forma más extendida de demencia entre las autoridades y funcionarios estatales es el Alzheimer. Todos olvidaron sus crímenes…¿Cómo será esto?. El presidente Uribe olvidó sus relaciones amistosas con el narcotraficante Pablo Escobar, olvidó que se asesinan sindicalistas, desaparecen personas opositoras, se realizan masacres, se efectúan 12 ejecuciones extrajudiciales diariamente.

Fernando Londoño olvidó que se había robado las acciones de ECOPETROL.

Jorge Noguera, exdirector de la policía DAS, no recuerda que elaboró “listas negras” de sindicalistas que más tarde fueron asesinados.

El paramilitar Salvatore Mancuso no se acuerda de los 6.000 campesinos e indígenas que asesinó en el Catacumba y la Costa

Así una larga lista de alzhémicos. Descubrirlos está resultando arriesgado hasta la muerte. Pero hay gente terca que reivindica la memoria de 13.000 personas desaparecidas y 150.000 asesinadas desde 1964.

 

Ahora han conseguido en Chile que la Justicia dicte la primera condena de torturas registradas durante la dictadura militar. Costó pero lo han conseguido. Como han conseguido que varios militares hayan sido condenados por violaciones a los derechos humanos durante la dictadura de Pinochet. La memoria de las víctimas exige que los asesinos no puedan dormir tranquilos.

 

Diversos grupos se encargan en El Salvador de mantener viva la llama de la reivindicación por el asesinato de Monseñor Oscar Romero, los Jesuitas y religiosas de la UCA y miles de campesinos. Estados Unidos ha sido el primero en echar paletadas de tierra para enterrar los casos, eso dice mucho de su complicidad en el asunto. Las amenazas y desprecios no pudieron detener a estos grupos empeñados en que se haga justicia.

 

Hay muchos frentes abiertos… felizmente. Quien se asomara a Latinoamérica, el 30 de Agosto, Día Internacional de los Desaparecidos, sentiría gran regocijo al ver tantísimas celebraciones reivindicativas, desde las madres de Ciudad Juárez de México hasta el último rincón del Continente.

Mario Benedetti dice:

         Siempre es un mal síntoma cuando un gobernante intenta basar su poder en un olvido colectivo. Hay que prohibirse mirar hacía atrás, decretan; hay que mirar siempre hacia adelan­te, no hay que tener (como dijo algún presidente) “ojos en la nuca”.

El significado superficial es que no cultivemos el rencor ni la vengan­za. No está mal. Pero el significado recóndito es que renunciemos a ser justos: que el sentido de la justicia desaparez­ca junto con los desaparecidos.

No obstante, ningún pueblo ha de lograr una verdadera paz si tiene un siniestro pasado pendiente. 

Hasta hoy, el olvido estuvo lleno de memoria y esa memoria siempre ha pugnado por salir a la superfi­cie, para mostrarle al mundo que el olvido es inútil, hipócrita y perverso.

Tan impor­tan­te es la memoria que, parafra­sean­do a Courtoisie, mientras quede un solo elefante que recuer­de, ese recuerdo puede llegar a cambiar la historia de un país.” 

 

d.t.