Enero-2001

Pensamiento Indio

Para nosotros, las grandes llanuras abiertas, las hermosas colinas onduladas y los ríos serpenteantes y de curso enmarañado, no eran salvajes. Sólo para el hombre blanco era salvaje la naturaleza, y sólo para él estaba la tierra infestada de animales salvajes y gentes bárbaras. Para nosotros era dócil. La tierra era generosa y estábamos rodeados de las bendiciones del Gran Misterio. Para nosotros no fue salvaje hasta que llegó el hombre velludo del este y con brutal frenesí amontonó injusticias sobre nosotros y las familias que amábamos. Cuando los mismo animales del bosque empezaron a huir de su proximidad, entonces empezó para nosotros el Salvaje Oeste.

Luther Oso Erecto, jefe Sioux.



He oído palabras y más palabras, pero nada se ha hecho. Las buenas palabras no duran si no se convierten en hechos. Las palabras no pagan la muerte de mi pueblo. No pagan la pérdida de mi país, ahora invadido por hombres blancos. No protegen la tumba de mi padre. No pagan mis caballos y mi ganado. Las buenas palabras no me devolverán a mis hijos. Las buenas palabras no cumplirán la promesa de vuestro jefe Guerrero, el general Miles. Las buenas palabras no devolverán la salud a mi pueblo ni evitarán que muera. Las buenas palabras no darán a mi pueblo un hogar donde pueda vivir en paz y cuidar de sí mismo.

Si el hombre blanco quiere vivir en paz con el indio, puede vivir en paz. No tiene por qué haber problemas. Tratad a todos los hombre por igual. Dadles la misma ley. Dadles a todos las misma oportunidad para vivir y crecer. Todos los hombres han sido creados por el mismo Jefe Gran Espíritu. Todos son hermanos. La tierra es la madre de todos los hombres, y todos los hombres deberían tener los mismos derechos sobre ella.

Todos hemos nacido de una mujer, aunque somos diferentes en muchas cosas. No nos pueden hacer de nuevo. Vosotros sois tal como os hicieron, y tal como os hicieron podéis seguir siendo. Nosotros somos tal como nos hizo el Gran Espíritu, y no podéis cambiarnos; entonces, ¿por qué habrían de pelarse los hijos de una misma madre y un mismo padre?, ¿por qué uno habría de engañar al otro? Yo no creo que el Jefe Gran Espíritu diera a una clase de hombres el derecho de decir a otra clase de hombres lo que deben hacer.

Jefe Joseph de los Nez Percés, 1879.