Diciembre-2001

 Rigoberta Menchú Tum

 La doble moral de Estados Unidos

Lo que no se vale es la hipocresía y la doble moral de quienes condenan una forma de terrorismo, al mismo tiempo que tratan de justificar el terror de los Estados. Me duelen en el alma las más de 6 mil víctimas civiles de Nueva York, porque son tan dignas e inocentes como las más de 300 mil víctimas del terrorismo de Estado en América Latina. Tanta solidaridad merecen esos miles de ciudadanos estadounidenses, como las decenas de miles de hombres y mujeres latinoamericanos que un día fueron detenidos arbitrariamente por fuerzas estatales y que nunca jamás regresaron a sus casas con sus familias.

El terrorismo ejercido por los gobiernos militares en mi país me arrebató a mi padre, mi madre, mis hermanos Víctor y Patrocinio y a mi cuñada María. Y ellos son tan sólo una parte de las más de 200 mil víctimas del genocidio cometido en Guatemala. Por eso ofende nuestra dignidad que, quien se cree el presidente del planeta, nos diga: "Están con nosotros o están con los terroristas". Las altas autoridades de los EE.UU. pretenden ignorar que ellos mismos entrenaron, armaron, financiaron y alentaron a las mentes enfermas que hoy se les revierten; intentan ocultar que los genocidios cometidos en la segunda mitad del siglo XX en América Latina y en otras regiones del mundo, contaron en la mayoría de los casos con la aprobación, el respaldo y la asesoría de Washington.

Por esas razones, junto a miles de mujeres y hombres en el mundo, exijo con firmeza que los responsables de esos crímenes contra la humanidad sean identificados, perseguidos judicialmente y juzgados de acuerdo con las leyes nacionales e internacionales. No importa que se llamen Osama Bin Laden o Henry Kissinger. Lo más importante es que esos delitos de lesa humanidad no queden en la impunidad; que se imponga el camino de las leyes, el camino del Derecho. Una y otra vez he rechazado y condenado la pretensión de que la venganza prevalezca sobre la justicia. No puedo aceptar que el Gobierno de los EE.UU. y los otros gobiernos que se someten a sus dictados, pretendan hacer retroceder a la humanidad a la ley del ojo por ojo. Hasta el día anterior a los atentados terroristas en Nueva York y Washington, varios gobiernos y algunos de los grandes medios de comunicación en el mundo nos criticaban por buscar juicio y castigo contra los responsables del genocidio y el terror desde los Estados; nos acusaban de estar buscando venganza y nos exigían optar por el perdón y el olvido. Ahora, ellos invocan un supuesto derecho a la venganza, pasando por encima de cualquier principio o mecanismo jurídico.