Noviembre-2002

 

MANIFIESTO de la ALIANZA DE INTELECTUALES ANTIIMPERIALISTAS

La humanidad está siendo arrastrada hacia una catástrofe material y moral sin precedentes.
La sedicente "cruzada contra el terrorismo" emprendida por el Gobierno de Estados Unidos y sus aliados, cuyo próximo capítulo pretende ser la invasión de Iraq, no es más que una nueva y desmedida agresión imperialista cuyo objeto es consolidar a cualquier precio la hegemonía estadounidense, fortaleciendo a Israel y debilitando a los países árabes e islámicos que pudieran representar una amenaza para el sionismo.
Consideramos, por tanto, imprescindible llevar a cabo un amplio debate sobre la situación mundial generada tras los acontecimientos del 11-S y plantear una alternativa al discurso oficial, que oculta o falsea la información y tiende a criminalizar toda forma de disensión o protesta.

En este sentido, la responsabilidad de quienes hemos hecho de la cultura y la comunicación nuestro oficio, es especialmente grande, puesto que el imperialismo pretende sustituir la libre circulación de ideas por un "pensamiento único" administrado desde el poder, con objeto de enmascarar la profunda injusticia de sus fines y la implacable brutalidad de sus medios.

Los intelectuales (en el sentido más amplio y menos elitista del término), en función del privilegio que supone el acceso al conocimiento y a los instrumentos necesarios para elaborarlo, tienen una responsabilidad tan específica como grave: la crítica radical y continua de los argumentos esgrimidos por el poder, la denuncia sistemática de sus mentiras, sofismas y tergiversaciones. No podemos olvidar que el término "intelectual" va unido desde su mismo origen (caso Dreyfus) a la idea de lucha, de refutación del discurso dominante, de defensa de la justicia frente a los abusos del poder.

Por ello, tomando como referente moral e histórico la Alianza y el Congreso de Intelectuales Antifascistas de 1936, un amplio grupo de personas relacionadas con la literatura, el arte y la ciencia hemos decidido promover una Alianza de Intelectuales Antiimperialistas con objeto de analizar y afrontar de forma colectiva la gravísima situación mundial generada tras el 11 de septiembre de 2001.
Porque no es suficiente que cada cual oponga su trabajo individual a la máquina de guerra y represión puesta en marcha por el imperialismo: solo mediante la unión y la coordinación, primero a nivel estatal y luego internacional, podremos detenerla.
Hacemos nuestro el llamamiento NION (Not In Our Name) de los y las intelectuales y artistas estadounidenses que se niegan a permitir que su Gobierno lleve a cabo en su nombre sus planes de expolio y exterminio. Nosotros y nosotras también nos negamos a que los Gobiernos de la Unión Europea apoyen en nuestro nombre la sangrienta "cruzada" del imperialismo estadounidense. La guerra no es inevitable, como pretenden hacernos creer sus promotores y beneficiarios. La guerra es el fracaso de la política y de la razón, la derrota de todos los pueblos que se ven envueltos en ella; sólo beneficia a las grandes multinacionales, a sus políticos a sueldo y a los organismos a su servicio, como la Organización Mundial de Comercio, el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial, que sacrifican el bienestar, la salud, la libertad y la vida de millones de personas a los intereses de los ricos.
Hacemos nuestra la lucha de los multitudinarios movimientos sociales que a la denominada "globalización" oponen su proyecto de universalización de la solidaridad y de la cultura. Es una insoslayable responsabilidad de la izquierda implicarse en los pujantes movimientos de denuncia y de desobediencia civil que buscan nuevas formas de superar la barbarie capitalista y nuevos caminos hacia una democracia realmente participativa.

Los y las firmantes de este manifiesto fundacional conminamos a escritores/as, artistas, profesores/as, científicos/as e investigadores/as a asumir la gravísima responsabilidad de contribuir a la comprensión y la transformación de un mundo azotado por la guerra, el hambre, la opresión y la injusticia. Cada libro, cada artículo de opinión, cada comentario, por pequeño que sea, refuerza o debilita el discurso dominante, en un momento en que la dominación se ejerce mediante el discurso tanto como mediante las armas. Porque, con la complicidad de los medios de comunicación, el poder inunda las mentes de consignas explícitas e implícitas, de promesas que no cumple y presuntas amenazas de enemigos construidos a la medida de sus intereses. Modela el imaginario colectivo a su antojo y conveniencia. Consuma la corrupción política, económica y jurídica con la corrupción semántica.
Exigimos, por tanto, a quienes trabajan en los medios de comunicación de masas, el cumplimiento de su compromiso deontológico con la objetividad informativa. Los informadores pueden y deben negarse a difundir noticias falsas o tergiversadas, del mismo modo que los militares tienen el irrenunciable deber de negarse a cumplir una orden injusta.

Los y las abajo firmantes nos comprometemos a apoyar con nuestras palabras y nuestros actos a las innumerables víctimas del imperialismo y de la "globalización" neoliberal: los pueblos desposeídos y pisoteados de todo el mundo, así como las bolsas de marginación y pobreza de los países presuntamente desarrollados, que un dramático flujo de inmigrantes perseguidos por el hambre y la injusticia acrecienta sin cesar.

Combatiremos, sí, el terrorismo, pero empezando por sus formas más abyectas e intolerables: el terrorismo de Estado y el terrorismo del capital. Las torturas y malos tratos en las comisarías y en las cárceles, la brutalidad policial en la represión de las manifestaciones, la pena de muerte, la explotación despiadada de los recursos naturales y humanos, los embargos genocidas, las incursiones militares contra poblaciones indefensas: ésos son los más graves atentados terroristas contra la libertad, la dignidad y la vida. Hasta que no acabemos con ellos, no podremos hablar de democracia, ni siquiera de civilización.

El Imperio ha declarado la guerra a quienes nos oponemos a sus planes de expolio y exterminio. Y tenemos que resistir con nuestra unión y contraatacar con nuestros instrumentos de trabajo: las ideas, las palabras, las imágenes... La guerra total desencadenada por el Gobierno de Estados Unidos y sus aliados se libra en muchos frentes, en todos los frentes, y uno de los más importantes es el lingüístico. Si quienes hemos hecho del pensamiento nuestra herramienta y nuestra arma, no salimos al paso de los que pretenden detener el flujo de las ideas y convertir las palabras en instrumento de opresión, ¿quién lo hará?

Bush lo ha dicho de forma inequívoca: "Quien no está con nosotros, está contra nosotros". Y su declaración de guerra puede y debe convertirse en nuestra propia consigna sin más que invertir el orden de los términos: quien no está contra ellos, está con ellos. Quien no se opone abiertamente a sus actos criminales y a sus falsas palabras, los apoya con su silencio. Y el silencio es la cobardía de los intelectuales. Cobardía que en circunstancias como las actuales se convierte en imperdonable vileza, en alta traición a la cultura y a la humanidad.

Nuestro enemigo, el enemigo de los pueblos del mundo, tiene la segunda arma más poderosa: el dinero. Pero nosotros tenemos la primera: la razón.

        

(El Manifiesto se presentó el 6 de octubre en el Instituto Cardenal Cisneros de Madrid y estuvieron presentes varios firmantes: José Saramago, Juan Antonio Bardem, Montxo Armendáriz, Pilar Bardem, Berta Riaza, José Luis Sanpedro,  Javier Sádaba, Angeles Maestro, Julio Anguita, Iciar Bollaín, Juan Madrid, Javier Maqua, Gonzalo Puente Ojea y Rosa Regás)