Febrero-2005

Nuevas pesadillas de la zorra en Montenegro

Para hacer una guerra hacen falta dos cosas: un motivo y armas. En África del Oeste hay opulencia de ambos. La historia de la humanidad debería leerse como el esfuerzo por desactivar las razones que nos compelen a matarnos. Hemos desbrozado buena parte del camino, pero estamos lejísimos aún de los arrabales de la paz grande. Atrincherados tras banderas y botines, inhábiles para universalizar el alimento y la justicia, quizá tendríamos que empezar por amputar las armas de los brazos.

Hace unas semanas se dio por terminado el proceso de desarme en Liberia. Todo el mundo parece muy satisfecho. Se ofrecía a cada combatiente 300 dólares a cambio de su arma. Se presentaron unos cien mil liberianos: entregaron fusiles, metralletas, lanzagranadas. En un año se han destruido más de seis millones de piezas de munición, en un país con apenas dos millones y medio de habitantes. Tocaban a casi tres balas por cuerpo. Sólo en el condado de Lofa, el que hace frontera con la parte de Guinea en la que habito, se han recogido 800.000 proyectiles, además de bombas y morteros. Todo esto daría lugar al optimismo si no fuera porque la gente de aquí ya ha visto antes la misma película. Entre 1996 y 1997, Liberia vivió otro proceso de desarme: en el condado de Lofa, el Ulimo K, el grupo rebelde más poderoso de esta zona, armado por Guinea y bendecido por Estados Unidos y Nigeria, rindió más de 700.000 piezas de munición a los responsables de Naciones Unidas, que, también entonces, afirmaron estar muy satisfechos.

Me espanta pensar en la cantidad de fusiles que he visto y escuchado en sólo tres años. En los vagidos del tercer milenio hay más de mil doscientas empresas fabricando armas ligeras y munición en noventa y ocho países del globo. Ni Guinea ni Liberia se cuentan entre ellos: todos los que han financiado el desarme y los programas de ayuda a las víctimas de la guerra en Liberia, sí. Entre 1996 y 1998, mientras se llevaba a cabo el anterior proceso de desarme en esta tierra, el Departamento de Estado estadounidense autorizó la exportación de un millón seiscientos mil fusiles de varios tipos, doscientas mil granadas y más de dos mil millones de piezas de munición. Dos mil millones. Y pastoreados por matones y chalanes contemplamos sumisos que el porvenir siempre nos regatea, que la última guerra siempre es la penúltima.

Guinea Conakry, 13 de enero de 2005

Gonzalo Sánchez Terán