Mayo-2007

 

Hay testimonios que resultan extraños, más propios del cine,

aunque se trate de casos claros de lucha por los derechos humanos,

como este llegado de Brasil.

¿O quizás lo que va resultado raro actualmente es la defensa de esos derechos?

 

Recuerdan a la misionera asesinada Dorothy Stang

 

Movimientos sociales, representantes de la iglesia católica, pastores protestantes y el pueblo de Anapu, en el estado de Pará (norte de Brasil), recordaron recientemente a la misionera estadounidense Dorothy Stang, ejecutada en 2004 por asesinos a sueldo. Se cumplieron dos años del asesinato de Stang en la región oeste de Pará, en la Amazonía brasileña, sin que aún hayan sido juzgados los presuntos autores intelectuales del crimen.

Los participantes en el acto para recordar a la misionera entregaron un documento a la gobernadora de Pará, Ana Julia Cánepa, en el cual se relata los casos de muerte en el campo y la situación de las familias en áreas rurales.

 

Stang, activista ambiental y defensora de los derechos de los campesinos pobres del oeste paraense, fue asesinada por dos pistoleros a plena luz del día en la zona rural de Anapu, cuando se dirigía a un asentamiento en medio de la selva.

Los asesinos  y un intermediario que pagó por el crimen fueron juzgados, pero no los presuntos autores intelectuales.

Los dos pistoleros, Rayfran das Neves Sales y Clodoaldo Carlos Batista, fueron condenados a 27 y 17 años de prisión, respectivamente. El intermediario que los contrató, Amair Feijoli da Cunha, recibió una condena de 18 años de cárcel.

Durante el juicio, Cunha reveló que los hacendados Reginaldo Pereira Galvao y Vitalmiro Bastos de Moura lo contrataron por 50.000 reales (cerca de 24 mil dólares).

Cunha afirmó en el juicio que los terratenientes decidieron matar a la misionera estadounidense, naturalizada brasileña, debido a que ésta los denunció por delitos ambientales.

 

El juicio de los dos acusados aún no se realiza porque fueron presentados pedidos de ‘habeas corpus’ ante el Supremo Tribunal Federal (STF), con la finalidad de que no sean llevados ante un jurado popular.

David Stang, hermano de la misionera, publicó un artículo en el que reclama por la impunidad en Pará, donde continúan sucediendo actos de violencia contra campesinos y activistas.

Stang afirmó que mientras los autores intelectuales del crimen de su hermana no sean sentados en el banco de los reos, la familia volverá cuantas veces sean necesarias a Belén, capital de Pará, para exigir justicia.