Julio-2007

 

Extracto de una entrevista a Hedy Enstein, realizada por Silvia Cattori.

Ella es judía, superviviente del holocausto, que ha visitado Palestina.

 

"No estaba preparada para todos los horrores que he visto"

 

Hedy Epstein, de 82 años, nació en Friburgo, Alemania, en 1924 (1) y vivió en Kippenheim, un pueblo situado a unos 30 kilómetros al norte de Friburgo. Era la hija única de unos padres que murieron en los campos de exterminio nazis. Es una trabajadora incansable por los derechos humanos y la dignidad de todas las personas. Visitó Palestina en 2003. Volvió inmensamente impresionada por lo que había visto allí, mujeres y niños indefensos, palestinos encerrados en ghettos, todo un pueblo brutalmente tratado. Decidió contar al mundo las injusticias de las que había sido testigo

Se ha unido a otros defensores de derechos humanos que van a navegar a Gaza en el barco FREE GAZA para exigir justicia por los palestinos.

 

- Por supuesto, estoy un poco preocupada por participar en semejante expedición. Pero, ¿acaso la vida me asegura que no me va a ocurrir nada? Puede que mañana cuando me levante, me sienta tan somnolienta que dé un traspiés, me caiga y me rompa la espalda. Por lo tanto, qué debo hacer, ¿quedarme en la cama el resto de mi vida? No

En la vida las garantías no existen. Quizá nadie debería ponerse en una situación peligrosa. Pero mi participación no es más que una pequeña contribución comparada con los sufrimientos que los palestinos están padeciendo todos y cada uno de los días. Y sí haciéndolo podemos contar al mundo lo que está ocurriendo ahí, entonces vale la pena ir. Tengo 82 años y la mayor parte de ese tiempo he vivido una buena vida. Déjenme hacer una contribución antes de que sea demasiado tarde.

 

- Estoy haciendo aquello en lo que creo y por lo que lucho. En ciertos ámbitos, especialmente en la corriente dominante de la comunidad judía, parece que soy una traidora, una « judía que se odia a sí misma ». Tonterías. No me odio a mí misma.

Hace algunos años el director de un semanario judío me dijo que no debería haber ido a Palestina. Que en vez de ello, debería haber ido a Israel como voluntaria en un hospital en el que se trataba a personas heridas por los atentados suicidas.   Y le contesté que me gustaría ir como voluntaria, pero que si yo iba a ayudar a un hospital israelí, ¿iría él a un hospital palestino a ayudar a las personas heridas a consecuencia de lo que estaba haciendo Israel? Estaba horrorizado. "¿En Palestina?". Contesté: «Sí, puedes ir, yo he estado allí, así que tú también puedes ir y cuando lo hagas, entonces yo estaré encantada de trabajar en un hospital israelí». Aquello ocurrió hace varios años y nunca he vuelto a saber de él desde entonces.

 

- Entonces, en 1939, gracias al inmenso amor de mis padres por mí, pude abandonar Alemania e ir a Inglaterra en un convoy de niños (Kindertransport). Cuando me marché en mayo de 1939 fue la última vez que vi a mis padres y a otros miembros de mi familia. Todos ellos murieron en los campos. Llegué a Estados Unidos en mayo de 1948, aproximadamente en el mismo momento en que Israel se convirtió en un Estado.

 

- En 1982 recibí un choque que me despertó personalmente: las terribles masacres en los dos campos de refugiados [palestinos] de Sabra y Chatila en Líbano. Tuve la necesidad de entender qué significaba esta tragedia, por qué había ocurrido y quién era responsable. Entonces, tras haber comprendido, tuve la necesidad de saber más acerca de la historia de lo ocurrido entre 1948, cuando Israel se convirtió en un Estado, y 1982 en Sabra y Chatila. Y cuanto más aprendía y más comprendía, más trastornada me sentía por lo que estaba haciendo el gobierno israelí y haciéndolo en mi nombre. Asi pues, cuanto más iba aprendiendo, más empecé a denunciar públicamente las políticas y prácticas del gobierno israelí en relación al pueblo palestino. Entonces, en diciembre de 2003, fui a Palestina.  

 

- Cuando fui la primera vez a Palestina, un reservista israelí me hizo una serie de preguntas; debía de tener cuarenta y muchos o cincuenta y pocos, miró mi pasaporte y entonces me preguntó si era judía y yo le contesté que lo era. A continuación me preguntó si había estado alguna vez en Ramala. Antes de que pudiera contestarle, me dijo en un tono muy enfadado: "¿No sabe usted que en Ramala cortan en canal a cada judío que va allí?". Y movió cuatro veces la mano por la cintura repitiendo otras cuatro veces "lo cortan en canal".      

Pero acababa de volver de Ramala, donde me quedé con dos familias palestinas diferentes, y obviamente no me habían cortado en canal. La verdad es que la hospitalidad que recibí de esas familias, así como de otras en otros lugares, no se parece a ninguna hospitalidad que yo haya recibido nunca en cualquier otra parte del mundo. Nada más llegar siempre dejaba claro que soy judía y esto nunca supuso diferencia alguna. Con cualquiera que me encontraba, tanto las familias con las que viví como la gente por la calle, cuando les decía que era judía nunca suponía diferencia alguna. Tanto ellos como yo nos negábamos a ser enemigos. Los verdaderos enemigos eran los israelíes. Fueron los únicos que me trataron de forma miserable y me hicieron daño. 

 

- Probablemente me maltrató la policía israelí no sólo porque fui a Palestina, sino también por lo que hice allí y lo que vi allí. Participé en manifestaciones contra la ocupación y supongo que eso me convierte en un peligro para la seguridad y en una terrorista. Los israelíes consideran que la resistencia pacífica no violenta es terrorismo. Sin embargo, lo que ellos hacen en respuesta a la resistencia pacífica no violenta es verdadero terrorismo porque disparan gases lacrimógenos a los manifestantes, que son israelíes, palestinos e internacionales. Utilizan lo que ellos llaman balas de caucho, pero no son balas de caucho, son balas reales envueltas en una fina capa de caucho y pueden matar; también usan verdadera munición y cañones de agua.  

Por supuesto, experimenté todo eso cuando en 2005 volví a participar en la resistencia no violenta en el pueblo de Bi'lin en Palestina. Una bomba sónica me explotó al lado y a consecuencia de ello he perdido oído.  

Pero esto no es gran cosa comparado con lo que tienen que soportar los palestinos cada minuto de cada día y de cada noche. Están en una cárcel, son prisioneros. Yo me puedo marchar cuando quiera. Los agentes de seguridad israelíes pueden detenerme durante varias horas en el aeropuerto, pero al final me puedo marchar.  

Pero los malos tratos que me infligieron no van a detenerme. Quizá lo hicieron para disuadirme de volver, pero, por supuesto que volví y volveré más veces.

 

- Cuando volví a Estados Unidos, algunas personas creyeron mi historia, pero junto a ellas está la corriente dominante de la comunidad judía para la que Israel siempre es la víctima y los palestinos siempre son los terroristas. Realmente ellos no comprenden, no hacen preguntas y realmente no quieren saber lo que está pasando en realidad. Asumí un compromiso ante los palestinos a los que conocía, todos los cuales me pidieron: "Cuando vuelva a Estados Unidos, por favor, cuente al pueblo estadounidense lo que ha visto y lo que ha vivido". Porque el pueblo estadounidense no sabe. Asumí ese compromiso, así que aprovecho cuantas oportunidades tengo de contar lo que he visto y lo que he vivido. Y, sí, hay personas dentro de la corriente dominante de la comunidad judía que me quieren hacer callar. Pero no lo van a lograr. Me pueden insultar, pero voy a cumplir mi compromiso con los palestinos. 

 

- Porque sé lo que significa un campo de concentración, creo que tengo el deber y la responsabilidad de luchar contra las injusticias de las que son víctimas otras personas. Hay problemas en todas partes del mundo y yo no puedo hacer todo, pero decidí que el trato que inflige el gobierno israelí a los palestinos era una situación contra la que yo iba a protestar y seguiré haciendo cuanto pueda.

 

- Una nunca sabe si lo que hacemos significa algo. Así que hay que seguir intentándolo, sin rendirse, hay que intentar cosas diferentes y, desde luego esto, va a ser diferente. Puede que atraiga la atención del mundo, que quizá por primera vez abra los ojos y los oídos, abra sus mentes para ver lo que realmente está ocurriendo en Gaza.

Si denuncian las políticas y prácticas del gobierno israelí, automáticamente se les va a llamar antisemitas. Es ridículo que se diga que yo soy antisemita: soy semita, así que, ¿por qué habría de estar en contra de mí misma? Esto es igualmente verdad respecto a los árabes. SON semitas.