Diciembre-2007

 

“Pobre mundo rico” recorrió Galicia del 2 de octubre al 29 de noviembre de 2007

Simposio Internacional sobre Pobreza y Desigualdad en el Mundo

 

François Houtart, Frei Betto, Mbuyi Kabunda, Carmelo García, Bernard Cassen, Ignacio Ramonet, son algunos de las más de 100 ponentes y conferenciantes presentes

 

“Pobre Mundo Rico”, es la frase que define y aglutina todas las actividades del Simposium Internacional que sobre Pobreza y Desigualdad en el Mundo, organiza el Club Internacional de Prensa contando con la colaboración de la Obra Social Caixanova, la dirección general de Cooperación Exterior y la Universidad de Santiago de Compostela. Mesas-Debate y Conferencias recorrieron las siete ciudades más importantes de Galicia.

El por qué del Simposio

Una programación que, en su conjunto, responde al compromiso social de llamar la atención sobre la situación de desigualdad que viven los pueblos y países de los distintos continentes.

Toma de conciencia

El objetivo de este Simposio es contribuir a una mayor toma de conciencia social sobre todos aquellos aspectos que inciden, propician, determinan o fomentan la gran desigualdad social que existe en el mundo, y la pobreza a la que viven condenadas millones de personas. A través del debate y de las conferencias se profundizó en las razones y argumentos que expert@s en las distintas materias pusieron sobre la mesa. Conseguir una mayor sensibilización de la sociedad y elevar el grado de compromiso para poner fin a ese desequilibrio que vive el mundo, es uno de los objetivos perseguidos.

Razones de peso contra la pobreza y desigualdad en el mundo: “¡Pobre mundo rico!”

“La pobreza es la peor forma de contaminación”
(Indira Ghandi ante la Conferencia de las NN.UU sobre el Medio Humano)

Estas palabras de Indira Ghandi ante la Conferencia de las NN.UU sobre Medio Humano en Estocolmo en 1972, conmocionaron entonces sobre todo a los países industrializados. Siguen siendo una verdad que el devenir de los años no ha hecho sino corroborar, pues si bien es cierto que la humanidad ha mejorado claramente en los últimos trescientos años como consecuencia del crecimiento económico, del desarrollo social y de las tecnologías, no lo es menos el hecho de que la pobreza y la desigualdad siguen siendo problemas sufridos por una inmensa parte de la población mundial y que ocupan y preocupan a gran número de instituciones multilaterales, gobiernos nacionales y organizaciones sociales. Las diferencias entre las naciones es una de las características que mejor definen al mundo contemporáneo. Quizás hoy, aquella misma frase podríamos convertirla en “la pobreza es la forma más absoluta de contaminación”.

 

Las razones por las que tantas personas no pueden satisfacer sus necesidades fundamentales son complejas puesto que la pobreza no sólo es una insuficiencia de ingresos económicos y de bienes materiales: también es la falta de recursos, de oportunidades y de seguridad que minan la dignidad y exacerba la vulnerabilidad de los individuos. Al ser esencialmente de naturaleza política, económica, estructural y social, aquéllas se refuerzan por la ausencia de voluntad política y por la inadecuación de las medidas que toman los poderes públicos, especialmente en lo que toca a la explotación de los recursos locales.

·         En el plano individual los seres están limitados por la imposibilidad de acceder a los recursos, al conocimiento o a las ocasiones de disfrutar de un modo de vida decente.

·         En el plano social, las causas principales son las desigualdades en el reparto de los recursos, de los servicios y del poder.

Son de sobra conocidas algunas de las cifras que sirven para dimensionar la magnitud del problema, pero no está de más explicitarlas una vez más: de entre los más de 6.000 millones de seres humanos que viven en nuestro planeta, 2 800 millones viven con menos de 2 dólares USA (1,49 €) diarios, y otros 1.200 millones, es decir, una quinta parte de la totalidad, con menos de 1 dólar USA (0,74 €) diario; dos terceras partes de las personas que luchan por sobrevivir con menos de 1 dólar USA al día viven en el sur de Asia y otra quinta parte en el África Subshariana; en América Latina viven el 5% de los pobres del mundo.

No por todo lo anterior deja de resultar impresionante que además, en todos los países desarrollados sea relevante el número de ciudadanos cuyos ingresos son inferiores al 50% del promedio del país en que viven: en la Europa de los quince su cifra se halla estancada en un endémico 10% (cifra cuya modificación es evidente con las últimas incorporaciones), y en los Estados Unidos de América del Norte se sitúa en torno a un 15%.

El rostro de la pobreza

Todas estas dificultades afectan más a las mujeres que a los hombres, lo que agrava aún más el problema de la situación respectiva de unas y otros. A pesar de la protección jurídica e institucional, esta desigualdad persiste y se extiende. Visiblemente, el rostro de la pobreza en el mundo es cada día más femenino.

La desigualdad que se agrava en el reparto de los ingresos y de la riqueza en el seno de los países y entre ellos, contribuye a consolidar esta pobreza: la consecuencia es que se acrecienta la diferencia entre el 20% más rico y el 20 más pobre. En 1991 la participación en el producto mundial bruto real de los países industrializados --que constituyen el 22% de la población mundial-- era del 61%, lo que dejaba el 39% restante al 78% de la población que vive en países en desarrollo.

Gracias a sus inversiones en recursos humanos, algunos países han conseguido asociar crecimiento económico y reducción de las desigualdades. Dentro de los mismos países varían enormemente los niveles de desigualdad; en las naciones desarrolladas, la diferencia entre el 20% de las familias más ricas y el 20% más pobres va de 4,34 a 1 en Japón, hasta de 9,6 a 1 en el Reino Unido; entre las naciones más pobres, las disparidades son de una amplitud comparable en una gran parte de Asia, donde son de 6 a 1 de media y en el oeste de este continente, en el que la media es de 7 a 1. Pero en la mayor parte de África las diferencias son aún más fuertes (13 a 1 de media) y llegan al máximo en América Latina (17,5 a 1 de media).

Las ciudades y el campo están separadas por grandes desigualdades tanto en lo que se refiere a los servicios de salud como de educación y de planificación familiar. Las distancias varían en una media de 2,8 a 1 en América Latina hasta 4,2 a 1 en Asia y cerca de 8 a 1 en África.

Es interesante subrayar que la privación de los derechos económicos y sociales no suscita la misma indignación ni las mismas protestas que la violación de los derechos civiles y políticos, pero contemplar una aproximación integral a los derechos humanos no sólo nos permitiría enfrentar las percepciones erróneas y los mitos sobre la pobreza, sino sobre todo ayudarnos, y esto es lo importante, a encontrar los medios duraderos y equitativos para salir de la misma. Si la comunidad internacional se muestra incapaz de lanzar una acción eficaz para erradicar la pobreza, la reiterada afirmación de sus preocupaciones a propósito de la explosión demográfica no es más que pura retórica. Es ineluctable el cambio radical.

Revisar profunda y conceptualmente los planteamientos que han convertido el sistema de ayuda internacional en un mecanismo impositivo, asistencial e ineficaz, es la única forma de poner fin a las dos grandes tragedias de la pobreza. La primera, ya descrita, es el sufrimiento y la muerte que asolan los países subdesarrollados por falta de recursos. La segunda podemos dimensionarla con un dato: el Norte ha gastado 2,3 billones de dólares durante los últimos cincuenta años en programas de lucha contra la pobreza, sin lograr erradicarla.

La batalla de nuestra época

Sin embargo la situación está evolucionando. Un sentimiento de indignación contra la injusticia ha dado origen a una reflexión ética e ideológica y ha llevado a grandes movimientos de reforma e incluso de cambios radicales. Los grupos de población afectados ejercen una presión cada vez más viva en el seno de las conferencias organizadas con creciente frecuencia por la ONU sobre los problemas que conciernen al desarrollo y el medio ambiente, a la población y el desarrollo, al desarrollo social, a los derechos humanos y al papel de las mujeres. Esta presión ha acelerado las interacciones entre los gobiernos y la sociedad civil (es decir, las organizaciones no gubernamentales que representan fuerzas activas e independientes de la sociedad llaman la atención sobre los problemas sociales). Estimamos que el papel de estas organizaciones será cada vez más necesario y decisivo para que la plenitud de derechos llegue a ser una realidad y para que se reconozca el sentido de responsabilidad social como un indicador del desarrollo social y político.

Todo el mundo debemos ser perfectamente conscientes del hecho de que la batalla contra la pobreza es una empresa exigente: es la batalla de nuestra época. La pobreza abiertamente trae como resultado un sin número de factores incidentes en la misma, ya que hunden sigilosamente a las naciones que padecen de ella. Para las naciones desarrolladas los resultados de la pobreza son más difíciles de combatir que los mismos factores que la provocan.

Todo ello es precisamente lo que fundamenta la realización de un Simposio como el anunciado. Pretendemos con su realización abordar el mayor número de elementos que están directa e indirectamente relacionados con la pobreza y con la desigualdad en el mundo.

Porque sentimos, sabemos y creemos realmente que OTRO MUNDO, ESTÁ YA SIENDO AHORA MISMO POSIBLE.