Marzo-2008

 

Úteros en Exilio

 

¡Qué raro, qué extraño título!... Me siento asustada de mí misma. ¿Cómo es que se me ha llegado a ocurrir?      

 

Dos cosas han provocado esto. Una se produjo mientras leía algo sobre el exilio, y la otra surgió mientras recordaba un programa de televisión. Y ambas cosas están vinculadas.   

 

Primero, el programa de televisión.

Recuerdo algún momento durante la ocupación estadounidense en curso de Iraq, o quizá fue durante la agresión israelí al Líbano, no estoy muy segura... Creo que debió ser en el primer caso, que Al Yasira invitó a algún psicoanalista para que hablara de las consecuencias de la ocupación en las mujeres iraquíes. Se trataba específicamente de las mujeres que habían perdido sus hogares a causa de los bombardeos o del exilio forzoso… 

Y recuerdo indistintamente a ese analista diciendo que la palabra “hogar” o “un hogar” implican un fuerte simbolismo, especialmente para las mujeres. Una mujer que ha perdido su “hogar” se siente como si estuviera desnuda, como si la hubieran despojado de sus ropas. Su “hogar” es su seguridad, su capa, su manta, su capullo protector… Para las mujeres, perder sus “hogares” es un trauma en sí mismo… al cual hay que añadir otros traumas, de pérdida, abandono, pobreza, sufrimiento, pena, violencia, muerte…    

Una mujer que pierde su hogar se siente totalmente abandonada. Creo que esto es en verdad así para la mayoría de las mujeres y sobre todo para las mujeres de Oriente Medio, que se sienten muy vinculadas a sus hogares y a lo que un hogar representa para ellas: marido, familia, niños, cobijo, alimento, seguridad, puntos de apego, puntos de referencia, puntos de sujeción a un terreno fundamental, en su propia y femenina realidad.   

No es sólo una construcción física para las mujeres, es un edificio interior, alrededor del cual han levantado su vida. El centro alrededor del que giran. Puede ser una casa, un apartamento o una chabola, no importa… 

 

El otro elemento era un artículo que estuve leyendo, el último de Robert Fisk.

No es que sea muy forofa de Fisk, pero hablaba acerca de una familia armenia iraquí cuya figura materna fue acribillada a balazos no hace mucho en Bagdad por unos mercenarios australianos de seguridad, resultando muertos en el acto ella y su hijo, dejando detrás tres niñas huérfanas.   

Las autoridades jordanas se negaron a permitir que las hijas se quedaran y las enviaron de vuelta en el primer avión que encontraron a ese agujero del infierno en que se ha convertido Bagdad. 

Robert Fisk habló brevemente sobre esta familia armenia que había llegado a Iraq durante el Imperio Otomano. De cómo los ancianos de esta familia llegaron a pie desde Armenia a través de Turquía en su camino hacia Iraq 

 

Y de repente, me encontré llorando y sin poder entender por qué.

Entonces recordé…  Recordé a todas las mujeres de mi familia.  

 

Recordé a mi bisabuela que solía contarme en su árabe roto cómo hizo todo el camino desde Armenia a Mosul, teniendo que enterrar con sus propias manos a su marido y a su hijo en la nieve.   

Recuerdo a mi abuela, cuando yo tenía doce años, contándome cómo transportó leña durante millas y millas hasta caer exhausta… y cómo ayudó a su madre a enterrar a su padre y a su hermanito en la nieve con sólo sus manos desnudas… hasta que las manos se le helaron.  

Ambas trataban de ocultar sus lágrimas y cambiar de tema… Y ya a una edad más avanzada, mi abuela trataba de contar algún detalle más, pero de nuevo se reprimía y se callaba… Nunca sentí en sus voces odio alguno hacia los turcos o los musulmanes. 

El caso fue que cuando llegaron a pie hasta Mosul, mi bisabuela, famosa por su belleza, se casó con un musulmán y tuvo otro hijo. El tío de mi padre era musulmán.  

 

Creo que el Amor y la supervivencia son más fuertes que cualquier política… 

 

Sufrieron el exilio una y otra vez y tuvieron que abandonar sus hogares…

Mi bisabuela falleció durante el cuarto exilio. Mi abuela, en el tercer exilio, habiendo perdido su hogar en tres ocasiones…  

Las recuerdo a ambas, y no puedo sacudirme de encima aquella imagen de pérdida en sus ojos. No de pérdida material, sino de una pérdida profunda, de algo que una no puede describir exactamente con palabras.  

Mi otra abuela sufrió el mismo destino. Pero el exilio llegó de forma diferente.      Alguien que a la fuerza ha de trasladarse de la tierra que la cobija, del entorno que le da seguridad, es una exiliada.    

Por eso mi otra abuela también se convirtió en exiliada cuando la obligaron a casarse con alguien hacia el que no sentía nada. Obligada al matrimonio a una edad muy temprana. Nunca se recuperó de eso, hasta sus últimos días, jamás se recobró…   

 

Exiliadas, exilio… expulsadas, abandonadas a los vientos del destino y de la buena voluntad de los “hombres”.     

 

Pero no se acaba todo ahí. Las otras mujeres de mi familia, incluyéndome a mí, han conocido también el exilio. Y así nos encontramos en tierras extrañas, entre extranjeros, arreglándonoslas nosotras mismas como podemos…      

La única palabra que puedo encontrar para esta situación está en francés, y no estoy segura de cuál pueda ser su traducción en inglés. En francés hay una situación del ser llamada “désemparé” [desamparada]. 

“Desamparada” es más profunda, mucho más que estar sólo indefensa.    “Desamparada” significa que has perdido todas las amarras, significa que eres como una barca sin remos que el viento va llevando lejos por algún mar proceloso… Es más que indefensa. Es algo que va penetrando profundamente en tu interior y te va arrancando tus lazos, alejándote a la fuerza de tu construida seguridad, no sólo física, sino psicológica, afectiva, emocional… seguridad.  

El exilio es la antítesis del apego. En realidad, el exilio forzoso es otra forma de violación.      

 

Si no eres mujer, puede que sea muy difícil que comprendas de lo que estoy hablando… Es algo casi biológico. Que te penetra profundamente en las tripas, en las vísceras…    

Sólo he intentado ofrecerles unos cuantos reflejos de una historia personal.      Ahora, imaginen a miles de mujeres iraquíes en el exilio. Imaginen a los miles de viudas iraquíes que perdieron sus “hogares”.

¿Pueden imaginar eso? ¿Pueden visualizarlo? ¿Pueden imaginar las consecuencias? ¿Las consecuencias morales, psicológicas, emocionales e incluso espirituales de todo eso?  

Los hombres son unos matones. La mayoría lo son. No tienen útero y no entienden mucho de apego. No sólo apego, querencia, hacia una nación, bandera o causa, o incluso hacia una madre… Apego a la vida, a una vida que tantos dolores cuesta construir, como los dolores del parto, los dolores de dar a luz… Los hombres nunca entenderán eso. 

Puedo ver a todos esos matones, a los destructores de hogares, de mujeres y del Amor, golpeando a mi bisabuela, a mis abuelas, a mi madre, a mis hermanas, a mis tías… golpeándolas con su ignorancia, con su odio, con su fortaleza física, con su instinto de muerte… y en eso se quedan.

¿Tienen algo más que ofrecer? Por desgracia, no.  Incluso los hombres que no tienen esas inclinaciones, no entienden nada… No entienden nada sobre úteros en exilio.

 

Desde Irak, Layla Anwar.

(Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández)