Julio-2008

                   Es un testimonio duro. Cuanto más marginada es la persona que habla, más duras son sus palabras, como dura es su vida.

Éste es un desgraciado niño de la calle de Bogotá.

Marcelo Colussi consiguió algunas entrevistas inéditas, como ésta, del fallecido Richard However, ganador de dos premios Pullitzer.

 

 

Martín (sin apellido conocido)

Sí, ya lo sé: lo que hice no está bien. No quiero buscar excusas, por supuesto que no. Ni tampoco voy a pedir que me perdonen. Lo hice, y punto. Matar no está bien, ya lo sé. Aunque, bueno… ¿Quién dice que no está bien? Si uno se pone a pensarlo detenidamente eso es discutible.

Claro, si lo digo yo, un niño de la calle, un marginal de esta ciudad infame, un indigente de Santa Fe de Bogota… ¿quién me va a prestar atención? A los niños de la calle no se los escucha; simplemente se los saca de en medio. Somos lo que afea las ciudades, la basura, la inmundicia. ¿Usted piensa que no lo sé eso? Pero también le hago la pregunta: ¿usted piensa que a nosotros nos puede gustar ser eso?, ¿usted piensa que podemos estar contentos con eso? Y, por supuesto, si digo algo, cualquier cosa que agregue, lo único que voy a hacer es complicar más mi situación. Ante los ojos de todos soy un asesino y no hay mucho que agregar. ¿Quién me iría a prestar atención? Pero de todos modos creo que vale la pregunta. Al fin y al cabo, tengo a derecho a plantearlo ¿no?

 

De acuerdo, soy un asesino. Un terrible asesino, un homicida. No tengo derecho a reclamar nada porque lo que hice es atroz. De acuerdo. No estoy totalmente convencido que sea así, pero lo tengo que aceptar: ¿cómo un harapiento niño de la calle podría discutir estas cosas? Pero ¿no es tan criminal como lo que yo hice, no es peor que eso, incluso, condenarnos a ser lo que somos, condenarnos a esta vida de marginales, de sub-humanos que no tienen ninguna posibilidad en la sociedad?     

Usted ahí, con su grabadora y su cámara de fotos, es probable que me entienda un poco, o que haga el intento por entenderme. Seguramente por eso está aquí. O quizá me equivoco y lo único que busca es mostrar a un asesino juvenil para vender una nota impactante que le van a pagar bien. No lo sé. Intuyo -y espero que así sea- que usted entiende lo que le estoy diciendo y que no es simplemente un vendedor de noticias sensacionalistas, que viene sólo para mostrar mis manos manchadas de sangre.

 

Criado en la calle toda mi vida ya ni me acuerdo de mi familia. De hecho no tengo apellido, y no sé si realmente me llamo Martín. Así me dijeron siempre, por lo que adopté ese nombre. Bueno, si no me llamo así no importa. Así me conocen, y eso es suficiente. Lo que recuerdo vagamente es que la señora con quien viví un tiempo me pegaba con un alambre. Ella siempre me decía que mi mamá, mi mera mamaíta, me regaló. No le puedo decir si eso fue cierto; pero si lo fue… ¿no le parece también eso una forma de asesinato? Mire, yo no quiero quitarme la culpa. A ese cabrón que maté le pegué las seis puñaladas sabiendo lo que hacía. No voy a pedir clemencia por eso. Lo maté porque tenía que hacerlo; era la venganza que hacía tiempo venía esperando. Ese era un gallito bravo que nos vivía provocando, y era él quien se violó a Myriam, la pelada de quien me había hecho gran amigo en la calle. Pero eso no viene al caso.     

Está bien: lo maté. ¿Pero no es una forma de matarnos todos los días condenarnos a miles y miles de niños a vivir en la calle?      

 

Con doce años lamentablemente he visto tantas cosas…, creo que demasiadas, tal vez muchas más que las que verá un niño o un joven normal de buen hogar en toda su vida. Por eso no me sorprende ni me asusta el tema de la muerte. Mire, se lo puedo asegurar, mister Richard, yo ya desde pequeño he estado en contacto con la muerte. ¡Usted no sabe la cantidad de amigos muertos que uno va teniendo en la calle! El que no muere porque lo mata la policía, muere por peleas con otras bandas, o por exceso de drogas. ¡O de hambre! Ya no me asusta la muerte. ¿Por qué iba a asustarme?, si desde que uno vive en estas condiciones sabe que tiene la vida pendiendo de un hilo.        

Yo viví como un año en un centro de menores, un reformatorio. Y me salí. Eso era lo peor de lo peor. Supuestamente era un hogar sustituto, pero en realidad es una cárcel. Los abusos que ví adentro usted no puede imaginarlos. Ahí fue donde me violaron por primera vez. Fue desde ahí que vengo juntando cólera y donde empecé a pensar en que iba a matar a alguien. Pero no se crea que maté por el puro gusto de matar. No, nada de eso. Sadismo de verdad lo ví en la policía. Sí, esos sí que matan por puro gusto. ¡Usted no sabe cuántos casos ví yo de pelones a los que matan sólo para practicar puntería! Total… ¿quién les va a decir algo? El que tiene un uniforme, o el que tiene poder, con o sin uniforme, no importa, ése es intocable. Con los policías se ve bien clarito; pero también con cualquier ricachón. Y con los que manejan la droga. Todos ellos viven matando cuando quieren y a quien quieren. ¿Y cuándo ve que caiga alguno de ellos?   

Mire, yo no entiendo mucho de política y esas cosas. ¿Cómo voy a entender si soy analfabeto y lo único que sé hacer es pedir limosna o robar carteras? Bueno, pero eso no quiere decir que no me dé cuenta de las cosas… Y lo que quiero decirle es que sólo a los piojitos sin importancia como nosotros agarran. Los que se roban todo, los que hacen un negocito y se ganan lo que yo en toda mi vida, yo y mis amigos de la pandilla, en toda nuestra vida no podríamos ganar, esos son intocables. Y si esos tipos matan… ¿quién se entera? Y si, pongamos por caso, alguien se enterara: ¿quién les va a hacer algo?  

Está bien, está bien… Reconozco que matar no es correcto. ¿Pero por qué hay tanta guerra? A los soldados que matan no los condenan. ¡Los premian!, les dan condecoraciones. Algo me parece que no funciona ahí, ¿no cree?…Algo no cuadra…