Se trata de unapersona de Madrid, Juan. Le hicieron una pregunta: ¿QUÉ ESPERADEL 2000?. Y contestó. ¿Una respuesta pesimista, realista,...?No la calificamos, simplemente la transcribimos como untestimonio de un ciudadano de nuestro tiempo...

           

Nada espero

Yo no espero nada.Podría esperar que las guerras y la violencia se acabaran de unavez, pero no creo que el número 2000 cambie la naturaleza de losseres humanos. Asimismo desearía que se defendiera mejor elmedio ambiente, pero no confío en que los intereses de lasgrandes compañías se vuelvan sensibles al cambiar el año.También podría esperar que las ciudades se humanizaran más,pero dudo mucho que el ritmo de vida, las prisas y lasaglomeraciones favorezcan esta transformación. De igual formaansiaría que el hambre dejara de existir, pero, francamente, soymuy escéptico ante la posibilidad de que los países ricos cedanparte de su riqueza para que otros simplemente sobrevivan.

Lo que no esperaríay, sin embargo, sé que va a ocurrir, es la avalancha de buenosdeseos y progreso que desde los poderes políticos se nostransmitirán, sabiendo que son palabras que se las llevará elviento. Lo que no quisiera y, no obstante, ocurrirá es queseguirán las guerras consumiendo la sangre y energías depueblos enteros. Mientras, los fabricantes de armas y los poderespúblicos brindarán con champaña y desearán felices fiestas denavidad y próspero milenio a sus súbditos. Tampoco quisierainjusticias, pero mucho me temo que la imperfección con que nosha dotado la naturaleza y la que nosotros mismos nos hemosotorgado con nuestro sistema, permitirá que se sigan cometiendoinjusticias perfectamente legales.

Me conformaríasimplemente con que todos fuéramos más sinceros, pero ni estoocurrirá porque la sinceridad y la honestidad no son tanrentables como la mentira y la corrupción.

Por tanto, para elpróximo milenio yo desearía muchas cosas, pero en el fondo pocoo nada espero.

(Juan Manuel FernándezSánchez)